Editorial

Exceso de leche y desinter閟 estatal
17 de Mayo de 2015


La contracara del descontrol a lo ilegal, perjudicial y peligroso la han presentado los campesinos productores y la industria lechera, que han encontrado tibias respuestas, cuando no o韉os sordos, a sus llamados por acciones protectoras.

En nuestro análisis de ayer sobre la tragedia de la mina ilegal de Riosucio, Caldas, señalamos la corresponsabilidad del “fatal paternalismo de la actual política oficial para formalizar la actividad extractiva ilegal, que termina por tolerar de facto lo intolerable”. La contracara del descontrol a lo ilegal, perjudicial y peligroso la han presentado los campesinos productores y la industria lechera, que han encontrado tibias respuestas, cuando no oídos sordos, a sus llamados por acciones protectoras para los productores de leche, en especial los de la zona centro, en la que predominan campesinos medianos y pequeños que han trabajado duro para convertir al país en el tercer productor de leche de América Latina y el productor 15 del mundo. 


Desde hace un par de meses, los gremios de ganaderos y productores lecheros habían lanzado señales de auxilio por el riesgo de lo que ellos conocen como “enlechada”, que no es cosa distinta que una sobreoferta de leche frente a la capacidad de consumo del mercado interno y los países destino de las exportaciones. Mediante grandes esfuerzos, el gremio había logrado mantener compras y precios hasta comienzos de este mes, cuando el Icbf detuvo la compra de cien mil litros diarios de leche, medida que tuvo efecto inmediato en Colanta, la primera procesadora de leche del país, que se vio obligada a imponer cuotas de calidad y cantidad a proveedores no asociados y a controlar alzas en el pago de compras. Hoy aspiran a que su clamor encuentre apertura en el Consejo Nacional Lechero que se reunirá el martes.


La sobreoferta de leche se ha explicado por la pérdida del mercado venezolano, en el que la dirección centralizada de la economía se ha convertido en pesado control hasta para la importación de alimentos básicos. A la pérdida de ese importante mercado en el que la industria había cifrado importantes expectativas, y para el que realizó grandes inversiones, se sumó el desbordamiento de importaciones de derivados lácteos, lacto-suero y leche en polvo. Porque los acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y de complementación económica con Mercosur son oportunidad para el crecimiento y la modernización de la economía nacional pero también riesgo para el sector lácteo, en las negociaciones de esos convenios se fijaron cláusulas de salvaguardia a quince años, orientadas a controlar la importación de productos subsidiados en sus países de origen, y por tanto más económicos para el consumidor. Dado que el mercado mundial de lácteos enfrenta también una “enlechada” es imperativo vigilar y controlar las importaciones que pasaron de dos mil toneladas anuales antes de 2010 a diez mil en 2011 hasta llegar a las 20.000 de 2014.


Al comenzar mayo, la industria lechera encabezada por Colanta fue sorprendida con actuaciones del Icbf que condujeron a que se declarara desierta la licitación de compra diaria de cien mil litros de leche pasteurizada y enriquecida con hierro y zinc que se destinan a la nutrición infantil. Con los suministros diarios de leche, el Icbf ha contribuido a que el Estado colombiano vaya reduciendo la tasa de mortalidad infantil de 20.41 niños por cien mil en 2002 a los 10.69 por cien mil nacidos vivos en 2014, tasa todavía dramática para un país “de clase media”. Después de hacer descalificaciones impropias a la leche que recibía, el Icbf anunció que prepara para el mes de julio la puesta en funcionamiento de plantas propias de producción de bienestarina líquida. Las sucesivas determinaciones hacen temer improvisación para afrontar las necesidades nutricionales de millones de niños; interrogan por la toma de riesgos en terrenos en los que el Estado fracasó, como la producción y distribución directa de nutrientes, y generan dudas sobre la liquidez presente de la entidad. 


En esta crisis, las instituciones del sector también deben sacudirse. Fedegán recibe cada año $100.000 millones para financiar el Fondo Nacional del Ganado; de ellos, $24.000 millones provienen del sector lechero y otros $76.000 tienen origen en el de carne y la ganadería multipropósito. La amenaza presente a pequeños productores que no han alcanzado a modernizar sus lecherías o a reconvertirse, si fuere necesario, impone también preguntarse por el destino de esos millonarios recursos que, en concordancia con los acuerdos comerciales, se debieran orientar justamente a esos lecheros de treinta o cuarenta litros diarios que construyen paz en el campo y que hoy, con inmensa angustia, tienen que desperdiciar la leche que se quedó sin compradores.