Columnistas

Pobreza en la tierra de las oportunidades
Autor: Rafael Bravo
15 de Mayo de 2015


El empobrecimiento de amplios sectores de la sociedad norteamericana ha vuelto a ser un asunto de debate y discusión por parte de políticos en campaña y en ejercicio, la academia y líderes religiosos.

La intervención del gobierno federal a través de subsidios, cupones de alimentos y ayudas a los menos favorecidos se queda corta sino se emprenden acciones para atacar la desigualdad y los crecientes índices de  inequidad. Las cifras son verdaderamente impactantes pues el salario mínimo en términos reales (descontando la inflación) ha caído en una tercera parte desde 1968. Esa es la batalla que emprendieron los trabajadores del sector de alimentos de modo que el pago por hora llegue a 15 dólares en un plazo de 3 años.


Si bien el presidente Obama ha llamado la atención para que demócratas y republicanos diriman las diferencias que por décadas los han separado en la forma de abordar las raíces de la pobreza, se muestra escéptico de lograr algún consenso mientras él sea presidente. Consciente de sus limitaciones con menos de 2 años como primer mandatario y haciendo el papel de defensor una clase media devastada por la Gran Recesión, Obama quiere dejar un legado similar al de Lyndon Johnson en la década de los años 60.


Los recientes acontecimientos policiales en los que se ha visto afectada la comunidad afroamericana ponen en aprietos al primer presidente negro pues debe evitar echarle más leña al fuego racial, al tiempo que pugna por una mayor responsabilidad de los padres de color en la sociedad norteamericana e igualdad de oportunidades para los de abajo. No es sino ver la disparidad de ingresos entre una comunidad y otra. Mientras los negros tienen un ingreso medio anual de 35 mil dólares, los anglos generan 58 mil. Lo mismo ocurre en el segmento hispano por razones de ocupación y nivel escolar.


La disparidad de ingresos entre quienes están ligados a Wall Street y un grupo de educadores fue motivo de polémica reciente pues ‘’ los primeros 25 traders de fondos hedge ganan más que la suma de todos los maestros de kínder’’. Además, la tasa de impuestos de los primeros es igual a la que pagan los individuos por sus ingresos. Una injusticia que no encuentra eco pues el gran capital y los políticos terminan compartiendo la misma cama  cuando de elecciones se trata. El mismo Obama y ahora los candidatos a la presidencia Hillary Clinton y los republicanos necesitan de los recursos de la gente cercana al sector financiero.


Dejarle al libre mercado resolver las desigualdades y esperar que las rentas astronómicas de los más ricos hagan su efecto hacia abajo, esa política reaganista del ‘’trickle down economics’’, terminó en quimera. Lo mismo que la rebaja de impuestos a los sectores altos implantada por el gobierno Bush, cuyo resultado final fue un enorme hueco fiscal que afecta por igual a todos.


Los legisladores en Washington están en mora de enfrentar las causas de la pobreza. Todo comienza con programas de asistencia a la niñez para los sectores de bajos ingresos. La educación es el camino de las sociedades hacia el mejoramiento de la población. Entonces la propuesta de la administración Obama para fortalecer las universidades comunitarias con currículos de 2 años va en la dirección correcta. 


Respecto al presupuesto anual, la bancada republicana no puede continuar en su empeño por cortar los programas que sirven a los ciudadanos de la tercera edad y los niños, mientras insiste en reducir aúnmás los impuestos a los ricos. Los números no mienten: los Estados Unidos parecen alejarse del ideal que la ha caracterizado como la tierra de las oportunidades.