Columnistas

Desarrollo incluyente
Autor: Danny García Callejas
13 de Mayo de 2015


El índice de riqueza incluyente, una iniciativa con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, advierte que el crecimiento económico del país es insostenible y es el resultado del desgaste de nuestros recursos naturales.

El país continúa dependiendo de forma significativa de la explotación, producción y exportación de bienes primarios, en particular de recursos naturales no renovables como petróleo, carbón, oro y platino, con el agravante de que ignoramos las consecuencias y costos sociales de su extracción.


Con el fin de mostrar las oportunidades de las naciones para mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, el índice de riqueza incluyente intenta explicar el bienestar social al combinar tres tipos de capital: físico, humano y natural. Aunque para Colombia sugiere que el primer y segundo tipo de capitales han crecido gracias a la inversión y al mayor acceso a la educación, el tercero decrece como consecuencia de la deforestación e inadecuado uso de nuestra riqueza natural y ambiental.


Sin embargo, para vivir en condiciones dignas requerimos de un medio ambiente limpio y vivo. Es así como teóricos del desarrollo han hecho énfasis en la equivocación de creer que los aumentos de consumo, dinero y acumulación de riqueza son manifestaciones del progreso humano. De acuerdo con John Rawls, la abundancia debe estar acompañada de justicia y una distribución equitativa que permita que todos los individuos de una sociedad disfruten de las posesiones y recursos resultados de las dotaciones naturales y logros de la sociedad:una búsqueda de la inclusión.


De manera similar, Amartya Sen y Martha Nussbaum insisten que nuestro progreso es vacío y miope si solo pensamos que el dinero lo resuelve todo. En sus reflexiones, estos teóricos insisten en al menos diez características para el avance social y económico de nuestras sociedades, a saber: la defensa de la vida, la salud, la integridad física y la existencia de todos los seres; el fomento y libertad para imaginar y pensar, expresar y compartir nuestras emociones; el desarrollo de la razón práctica, es decir, concebir el bien pudiendo planear nuestra vida; la fraternidad y la solidaridad; la oportunidad de jugar y reír y poder participar de las decisiones políticasen la sociedad y con condiciones materiales dignas.


El Plan Nacional de Desarrollo para el periodo 2014-2018 intenta reivindicarse con el medio ambiente y hace una decidida apuesta por la paz. Si logra combinar ambos aspectos junto con la promoción de la educación incluyente podría acercarnos a las recomendaciones de los teóricos del desarrollo. Sin embargo, aún estaría lejos de garantizar justicia y equidad a menos que materialice y reivindique sus propuestas de ayudar a las comunidades discriminadas y vulnerables del país, junto con un sistema impositivo progresivo. No obstante, en el plan hay esperanza. Solo espero que por fin se promueva un desarrollo incluyente para la defensa de la vida.


* Profesor, Departamento de Economía


Universidad de Antioquia