Columnistas

El reto de las Farc en La Habana
Autor: Gabriel Zapata Correa
8 de Mayo de 2015


Todos los procesos de paz han pasado por crisis tan graves, como las consecuencias mismas de pararse de la mesa.

Aunque no podemos negar que los miembros negociadores de las Farc cometieron el error histórico de no medir el alcance de la masacre de los 11 soldados en la vereda La Esperanza, corregimiento Buenos Aires del departamento del Cauca, es posible enderezar el proceso tal como lo ha anunciado el presidente Juan Manuel Santos, con el fin de recuperar la confianza que han  perdido los colombianos en las conversaciones de paz.


No es fácil. Las dos últimas encuestas de Invamer Gallup y de Ipsos Napoléon Franco, dejan pocos restos de esperanza. Pero en la intención de ponerle fin a un conflicto de más de 50 años, con un número incalculable de muertos, desaparecidos y desplazados, bien vale gastar los últimos esfuerzos, para que no nos quede el remordimiento de que los colombianos no nos ahorramos las más mínima ilusión en pro de buscar la paz que todos deseamos. El presidente Juan Manuel Santos persiste en su empeño y en esta voluntad lo tenemos que acompañar, porque tarde que temprano los negociadores de las Farc, los máximos cabecillas de esta organización, tienen que asumir la conciencia de que si quieren realmente llegar a unos acuerdos tienen que aceptar sus responsabilidad, reparar a las víctimas y someterse a unos principios de justicia universalmente aceptados y reconocidos por todos los países del mundo.


Como lo dice John Felly, el Jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el Gobierno colombiano ha adelantado una lucha valerosa y ejemplar contra Las Farc, pero esta organización no debe empecinarse en tratar de convencer a los colombianos de que no son culpables de crímenes de lesa humanidad y que en consecuencia no van a pagar por ellos. Por esta razón, es que las conversaciones de La Habana llevan casi dos años empantanadas en la justicia transicional y en la reparación a las víctimas. Porque los negociadores de las Farc no salen del círculo vicioso de acusar permanentemente al Estado del conflicto y de todas sus consecuencias y de afirmar que el mismo Estado es el que debe reparar a las víctimas.


Los negociadores de las Farc no deben nadar en contra de la corriente. Tan solo el 3% de los colombianos los respaldan en sus pretensiones, pero si ellos saben que el mismo pueblo tendrá que refrendar los acuerdos a que se lleguen en La Habana, no les queda otro camino que asumir una posición más sensata que los mantenga en el marco de los diálogos. Porque además ellos deben ser conscientes de que estas conversaciones no se pueden mantener en el tiempo en forma indefinida y sin mostrarles a los colombianos unos resultados serios y palpables, que permitan concluir que ha valido tanto esfuerzo y, obviamente, tantas vidas y tantas víctimas que han seguido cayendo como cuotas adicionales a este proceso.


En este aspecto el presidente Juan Manuel Santos ha sido coherente y ha manifestado que no buscará facultades especiales para refrendar los acuerdos de La Habana, porque se comprometió a actuar de cara al pueblo, para que sean los colombianos quienes avalen el eventual final de las conversaciones con las Farc.


Las contradicciones en que han caído los negociadores de las Farc, en su discurso y en su accionar violento, no han hecho más que darles la razón a los opositores y a los enemigos de la paz. Y en lugar de avanzar en el convencimiento de que este proceso es serio y efectivo, en el colectivo de los colombianos se va sembrando la eterna inquietud de que estas conversaciones de La Habana solo han servido para que la guerrilla de las Farc se legitime a nivel internacional como un movimiento combatiente, y desde luego para rearmase, fortalecerse y continuar con sus negocios al margen de la ley. No pueden los negociadores de la Farc acorralar al Gobierno y conducirlo a un escenario que el país está señalando cada día más claro. Porque si van a repetir la historia del pasado con otros procesos fracasados, ese camino ya lo conocemos.


A veces las oportunidades históricas no se repiten. Por eso pensamos que las Farc están frente a un reto como no lo han tenido antes en otras épocas. En ellos está que no sea demasiado tarde.


*Exsenador de la República.