Columnistas

Evaluar para transformar
Autor: María Victoria Angulo
8 de Mayo de 2015


Frente a la coyuntura que vivimos... ¡traduzcámosla en oportunidad! Gobierno, sindicato, estudiantes, familias y todos los colombianos celebramos que se haya encontrado una salida a la situación que nos movilizará a dar pasos hacia adelante.

Estaban en juego no solo salarios, sino la apuesta que como país hagamos en materia de calidad para avanzar con sentido, reconociendo que serán nuestros docentes y directivos quienes inspiren esta transformación. 


Por lo tanto, es clave referirnos a otro de los puntos clave de la discusión, la evaluación docente, entendida como un proceso para aprender a leer el país y entender las bases para el porvenir de niños y jóvenes en el sistema educativo. Lamentablemente, culturalmente hemos entendido la evaluación desde lo punitivo.  Sin embargo, es importante reconocer una evolución que ha llevado a Colombia a ser pionera en el tema en Latinoamérica. Con fortalezas y debilidades hemos logrado recoger información de aprendizaje de estudiantes desde primaria hasta superior junto a variables asociadas que, desde un análisis concienzudo, permiten tomar decisiones clave en términos de inversión e intervención social y entender contextos y acompañar a los directivos y docentes con información que suma al componente cualitativo que, según nuestra normativa, define cada institución educativa. 


Aunque el eje de los esfuerzos e inspiración son los estudiantes y, por supuesto, los maestros, que hacen la diferencia, la evaluación tiene que ver con todos: escuela, maestros, niños y familias. Pretender lo contrario es retroceder décadas de reflexión: la evaluación es para retroalimentar, reconocer, reflexionar, aprender y transformar. 


Los maestros son conscientes del sentido de la evaluación como oportunidad para retroalimentar su quehacer en el aula y aportar a los desarrollos de sus instituciones educativas y a sus contextos. La evaluación en educación cobra más sentido en el ejercicio pedagógico haciéndola más que pertinente para el desarrollo humano. Evaluaciones institucionales, académicas y co-evaluaciones deben rediseñarse y desarrollarse pensando en el horizonte educativo que busca el país: qué escuela y qué ciudadanos queremos. 


La evaluación docente en el país inició hacia 2002 con una apuesta que introducía un esquema específico y trece años después requiere fortalecerse y combinar elementos que integren un concepto comprehensivo de calidad y del quehacer de los maestros. El dialogo latinoamericano va en ese sentido, proponiendo esquemas de evaluación que retroalimenten, aporten y sean garantes al final del proceso de ese derecho innegable a un aprendizaje con calidad. Estas deliberaciones han estado acompañadas por una reflexión en torno a mejorar las herramientas y construcción de imaginarios distintos frente a la evaluación más allá de la posición en un ranking.


Así las cosas, podemos afirmar que si bien no es un proceso que se dé de la noche a la mañana, requiere una estructura bien definida para que surta los efectos de formación, retroalimentación y mejora esperados. Es importante incluir aspectos relacionados con observación entre pares, portafolio, espacios de diálogo que hagan del aula escenarios de investigación, realcen las fortalezas de los maestros y posibiliten propuestas de formación continuada pertinentes a las necesidades identificadas. 


Contamos con excelentes académicos que pueden contribuir a formular una propuesta concertada, que los desencuentros no sean recurrentes y prime lo más importante: los niños y las niñas del país; una propuesta en la que los maestros cuenten con insumos para hacer de la evaluación una actividad cultural de reconocimiento que dé luces al país de hacia dónde debe ir la educación, que se tomen las medidas necesarias y redunden los aprendizajes, no solo de estudiantes, sino de la comunidad educativa en su conjunto: que padres de familia, maestros, directivos y la sociedad civil entendamos la escuela más allá de la infraestructura y seamos partícipes del desarrollo integral de nuestros estudiantes. Esperamos entonces que esta sea la oportunidad para iniciar un diálogo constructivo y profundo que lleve a transformaciones más allá de la coyuntura. 


* Directora Ejecutiva de la Fundación Empresarios por la Educación, una organización de la sociedad civil que conecta sueños, proyectos, actores y recursos del sector empresarial, para contribuir al mejoramiento de la calidad educativa.