Columnistas

Golpear y correr
Autor: Carlos Cadena Gait醤
5 de Mayo de 2015


Vuelve y juega; uno de mis mejores amigos fue atropellado en su bici el mi閞coles pasado. Han sido m醩 de cinco amigos involucrados en situaciones similares este a駉.

En el caso de la semana pasada, el conductor del carro, al verse inmiscuido en semejante situación infortunada, tomó lo que quizá es la decisión más cobarde de todas: escapar inmediatamente. ¿Cómo se explica esto en una ciudad como la nuestra?


 No es la primera vez que esto pasa. De hecho, es dolorosamente frecuente aquí, que cuando algún ciclista urbano es atropellado por algún afanado motorizado, este escape, aprovechando que el ciclista (posiblemente herido) jamás sería capaz de alcanzarlo. ¿Qué pasa por la cabeza de estas personas? Son seres humanos de carne y hueso, que al golpear con su vehículo a otro (un ser humano que se moviliza sin una armadura de acero a su alrededor), al dejarlo en el piso, al destruir su medio de transporte, simplemente aprovechan para acelerar sin mirar para atrás.


Hay situaciones puntuales que no cuadran en cada uno de estos atropellamientos. ¿Acaso nadie vio? ¿Acaso no hay cientos de carros, motos y buses usando esa misma vía en ambos sentidos? No importa. Igual eso no sirve de consuelo, porque el punto es precisamente que el autor material del atropellamiento, debería ser la persona que se apersonara de la urgencia, tan pronto sea causada (haya o no haya testigos). Aquí, sin embargo, pareciera un reflejo bien desarrollado, que al involucrarse en semejante situación, lo primero que hace el conductor es revisar sus retrovisores, explorar los alrededores; buscando certificar que no hay gente mirando, y que por lo tanto puede escapar. ¡Cobardía!


Por muchas razones, hemos desarrollado en nuestra sociedad una relación cercana con las cámaras de seguridad. Se intuye que siempre, en cualquier lugar, a cualquier hora, existe alguna cámara que graba cada detalle de los sucesos urbanos. Al parecer, eso le genera cierta percepción de seguridad a los ciudadanos. Sin embargo, al buscar culpables en estos atropellamientos, rara vez logra uno suficiente disponibilidad de material visual. Las cámaras se dañan, el material no queda grabado, la hora no está disponible, etc.


¿Cómo reaccionar entonces? Es difícil. Al ver que la propia vida está en peligro, pocos ciclistas tienen la capacidad para memorizarse las placas, tomar fotos o video. Es más, aun teniendo fotos y video, cómo me sucedió a mí en algún momento, cuando un padre, llevando a su mujer y un bebé en el vehículo me empujó con desespero, es poco lo que se puede hacer. Judicializar a un criminal de estos, por un atropellamiento a un ciclista no es fácil en nuestro sistema.


Sabemos que la principal razón por la cual muchos de nuestros conciudadanos no se animan a montarse a la bicicleta (todavía), es porque les da miedo. A mucha gente literalmente le da pavor movilizarse en bici hacia su trabajo, porque han visto la beligerancia, temeridad e irresponsabilidad con la cual transitan muchos carros, motos, taxis y buses en esta ciudad. No los culpo; a mí también me da miedo en mi bicicleta casi todos los días.


El problema es que esto se puede convertir en un círculo vicioso. No montamos en bicicleta, porque nos da susto luchar solos en esa jungla de cemento y gasolina; por lo tanto ni los gobernantes, ni las empresas, ni las instituciones educativas ven la necesidad de trabajar enfáticamente para mejorar las condiciones de los ciclistas en la vía; y eso facilita que el irrespeto por los ciclistas sea absoluto, que un conductor sienta que puede pasarle cerca a un ciclista mientras alcanza altísimas velocidades, y que si lo tumba, pues “allá él”.


La buena noticia es que la dinámica opuesta también se podría dar. Si nos animamos a montarnos a la bicicleta ya, y lo hacemos en masa, podremos empujar cambios desde los gobernantes, la empresa, la academia, y la ciudadanía. Es vital que pedaleemos acompañados, en pequeñas caravanas que nos hagan visibles y simbólicamente transmitan nuestra presencia permanente. Al final, sin duda alguna, más ciclistas en la vía, terminarán por atraer todavía más ciclistas, sobre todo cuando el caos de movilidad vehicular hace urgente que busquemos alternativas reales.