Columnistas

Los nombres de las cosas
Autor: Alvaro T. L髉ez
5 de Mayo de 2015


No es suficiente morir para merecer honores; asimismo hay honores que, m醩 que eso, son meros reconocimientos al trasegar p鷅lico tratando de desarrollar obras, de reivindicar los derechos de las gentes.

Las vías y los medios de comunicación desaíslan, hacen posible la interacción entre personas y pensamientos, permiten que las vocaciones regionales y personales florezcan para bien de todos. Una carretera, por ejemplo, es mucho más que una vía,  es camino de paz y de reivindicación, pues con la comunicación se reducen las posibilidades de violencia y de impunidad. En definitiva, es con desarrollo como se combate la barbarie, como se traen las ventajas del mundo moderno a las regiones maltratadas y olvidadas. No puede haber paz donde hay inequidad; no puede haber paz, donde no se garantizan los derechos fundamentales.


La memoria del doctor Guillermo Gaviria Echeverri, merece ser honrada recordando su nombre en una obra pública, pero tratándose de su sueño de poder comunicar a Urabá con el resto de Colombia, y a Colombia con el resto de América, lo justo hubiera sido recordarlo con toda la vía. Varios, de aquí y de allá, fueron los pioneros del desarrollo del litoral caribe antioqueño, pero nadie como él, que competentemente tuvo manejo de lo público y de lo privado, luchó por hacer de la región de Urabá y del corredor que a ella conduce, lo que hoy va tomando forma. Nadie como él alzó la voz para reclamar para Antioquia el derecho a tener vías de acceso dignas y modernas.


Llega el presidente y reparte nombres, pero el pueblo conoce a sus líderes, porque éstos conocen y satisfacen las necesidades de su pueblo. Y es la gente la que decide los epónimos para las grandes obras. Por eso el puente sobre el rio Magdalena que termina en Barranquilla, se llama Pumarejo, por mucho que haya una ley que lo nombra de otro modo, y otro tanto sucede con nuestra avenida Oriental. Muchas son las cosas que le debemos al genio creativo e inquieto del doctor Gaviria Echeverri, entre los que podemos contar el de los pesos vivienda que tomó forma en la gobernación de su hijo Guillermo Gaviria Correa, en la Empresa de Vivienda de Antioquia, desvirtuada por la acción malévola de los malos administradores, de los enemigos de su propio electorado.


Pero su sueño iba mucho más allá de ver unida a Colombia por carreteras bien construidas. Siempre expresó su anhelo de ver la gran vía que recorriera el continente americano desde la Patagonia hasta Alaska, para lo cual habría que vencerse el gran escollo del Tapón del Darién. No era destruir, sino comunicar lo que propuso durante su vida adulta. Hasta sus últimos días fue el ingeniero que trazó carreteras, que reclamó ejecución de las rutas que recorrió en carro, a caballo, a pie, y en las que cruzó a nado sus ríos. Puede decirse que la muerte le llegó pensando en lo que fue una de sus pasiones. Solo noventa kilómetros de selva en el Darién, impiden la realidad de su sueño, pero su tesón servirá para que lo recordemos siempre que se piense en proyectos como éste.