Columnistas

Las señoras son mujeres
Autor: Mariluz Uribe
4 de Mayo de 2015


Para algunos hombres las mujeres son una cosa y las señoras otra. Una señora es una cosa horrible. Automáticamente se la considera gorda y regañona.

Es común que tenga marrones, grasa en la cara y rodillo en la mano. Debe ser fea, con nariz de breva, sin pestañas, triple papada, arrugas, verrugas, pelos.  


Se supone que vive furiosa, pero nerviosa. Todo le da miedo, le choca, nunca está lista para nada y se queja continuamente. No piensa sino en comprar interiores, afeites y adornos. Adora ir de almacén en almacén e invirtiendo capital. La “señora” es pues una institución temible, pertenece a corporaciones y entidades, en lugar de acercarse al horno va a la urna, maneja chequeras y milita en varios partidos políticos. ¡Las señoras abundan mucho pues son esposas y madres!  


Una mujer por el contrario es un ser divino, el verdadero exponente del supuestamente débil y encantador sexo femenino.  


Puede ser alta o bajita, delgada o regordeta, pero en todo caso tiene cuerpo de guitarra, piernas de mostrar, pestañas que dan la vuelta y piel de durazno como las frutas, todo esto naturalmente y sin hacer el más mínimo esfuerzo. Es eternamente joven, amigable, sonriente, lista para todo e indulgente. Amiga de los amigos de él, pero no más allá del punto clave. Cabello ondulado, labios rosados y uñas refulgentes. No necesita gastar en ropa porque con cualquier chirito queda atractiva.  Es callada pero expresiva, dulce y entretenida. Tiene la inteligencia de hacer creer al hombre que él manda y que ella está en sus manos, que sólo entiende de cosas de casa y que el dinero le es indiferente. ¿No está él allí para protegerla? 


Aclarada esa diferencia que los hombres hacen en su fuero interno y especialmente cuando conversan con sus amigos, pasa una a preguntarse por qué si admiran tanto a las mujeres, ellos, que son tan talentosos, nunca, o casi nunca, se embocan a casarse con una y es tiro fijo que se casan con una “señora” para luego renegar toda la vida.


Ellos, que estarían encantados por ejemplo de ir a un viaje, paseo o fiesta con una mujer, no hay riesgos de que lleven a la propia porque esa “se tira el paseíto”.


¿Será que las señoras están desprovistas de las cualidades de la mujer? ¿Qué son entonces? ¿Han perdido su feminidad por ser esposas y madres?  


¡Me contaban el otro día que un señor muy bien (¿?) tenía una amiguita encantadora, pero que a su mujer, eso sí, la respetaba mucho!


¿Qué  significará ese respeto?  Si es lo que parece ser, más vale que no exista. Si se es la de mostrar pero no la para gozar, ¡ciao! Solteritas y a la orden o solterotas y al desorden, esos términos que antes era un insulto ahora son… un elogio. ¿Separadas? ¿Del mismo que ahora les coquetea porque ya son ajenas? Ja,ja.


Yo no creo que las mujeres abandonen la comodidad en casa de sus padres, donde son por cierto muy respetadas y no tienen mayores problemas ni responsabilidades, para que les digan “señoras”, manejen casa, se aburran bastante y aguanten mucho....


También sé que hay algunas señoras que se han logrado defender de ese calificativo y sus múltiples inconvenientes. Deben ser de esas que no permiten que sus maridos las presenten como “su señora” sino como “su mujer”.


Por cierto leí en una  revista  un reportaje con un médico sobre el amor en el Brasil, bastante desilusionante: Una de las cosas que más llama la atención de este médico es precisamente que los hombres llamen a sus esposas “mi señora”, tratamiento que da el exacto significado de cómo se comportan con ellas... Y a buenos entendedores pocas palabras basten. ¿Se sorprenderán algunos maridos de que sus “señoras” quieran buscar quien la considere “mujeres”? 


 Psicóloga PUJ y Filóloga U de A