Editorial

羐ora de la memoria y la esperanza
29 de Abril de 2015


Dadas las complejas circunstancias, los museos de la memoria crecer醤 en legitimidad mostrando las historias, las preguntas y las exigencias de todas las v韈timas.

Hoy, el Museo casa de la memoria de Medellín abre formalmente sus puertas a la ciudadanía, su verdadera dueña gracias al Acuerdo 309 de 2015 que lo convirtió en establecimiento público. La decisión del Concejo, acompañada de la creación de su Comité de Amigos, garantiza su estabilidad institucional y financiera, y lo fortalece como lugar neutral para el encuentro, el reconocimiento y la conversación entre víctimas, ciudadanos y hasta victimarios que buscan comprender el dolor, sus causas y las formas de sanarlo.


Desde su concepción, en el gobierno de Alonso Salazar, y por el fortalecimiento en el gobierno Medellín ciudad para la vida, el Museo se ha fortalecido como reservorio de la muy valiosa información testimonial y documental que aportan víctimas, sociedad y victimarios, y como lugar para el diálogo en el que debe ser posible nombrar las demandas de las víctimas por la verdad, las expresiones de los victimarios sobre sus acciones y las interpretaciones de los expertos sobre esos hechos. También ha de ser el espacio que permita aflorar las expectativas sobre la reconciliación y cómo lograrla.


Dando inicio a una larga tarea que nuestra sociedad debe adelantar con gran honestidad intelectual, el Museo ha empezado a recoger y proteger testimonios, elementos simbólicos y documentos de víctimas, medios de comunicación y ciudadanos sobre los acontecimientos del dolor. En esta recolección los victimarios también están llamados a aportar su memoria, así como el reconocimiento de sus acciones y el daño causado a las víctimas. Para propiciar el entendimiento de los complejos hechos, esta institución ha de provocar que sea posible reconstruir contextos, circunstancias y consecuencias de la victimización por guerrillas, paramilitares, bandas del narcotráfico, algunos agentes del Estado y bacrim. Con estos elementos, la sociedad podrá buscar la verdad, también tendrá ocasión para preguntarse por las razones de esas violencias, de la permisividad hacia sus responsables y qué hacer para no repetir estas historias. No es esta tarea fácil, pero sí es posible si se acepta como responsabilidad y sueño.


A diferencia de las experiencias internacionales que han sido tan significativas y exitosas, en tanto han logrado consensos por la no repetición (museos sobre el Holocausto Judío, por ejemplo), el Museo casa de la memoria de Medellín -así como el Museo nacional de la memoria histórica- se levantan mientras los conflictos siguen irresolutos. Ello implica, por ejemplo que, mientras se busca construir la memoria que represente a la sociedad, los responsables del conflicto luchen, desde el anonimato o la ilegalidad, en la mesa de conversaciones y en los medios de comunicación, porque se escriba una historia que minimice sus responsabilidades frente a las víctimas y la sociedad. Dadas las complejas circunstancias, los museos de la memoria crecerán en legitimidad mostrando las historias, las preguntas y las exigencias de las víctimas. Su lugar como ágora se llenará de sentido cuando se puedan reunir allí, libremente y sin miedos, los clamores de las víctimas de todas las violencias; los de aquellas que han perdido las esperanzas y los de quienes ven posible un pronto silenciamiento de los fusiles y el fin de los odios que los enarbolaron.


El consenso de los medellinenses, expresado en el Acuerdo 309 de 2015, sobre la relevancia del Museo casa de la memoria como espacio para el recuerdo y la reconstrucción no exime de responsabilidades  a otras instituciones, como la Justicia, las universidades, los partidos políticos y los medios de comunicación.


Para enfrentar esa responsabilidad, EL MUNDO busca romper con la costumbre de ser testigos pasajeros de tragedias ajenas, para explorar las posibilidades de formar nuevos relatos que permitan contar las acciones de solidaridad, vida y esperanza con que ciudadanos y grupos sociales han respondido perturbaciones violentas contra sus comunidades. Cuando el siquiatra Víktor Frankl describió múltiples reacciones durante el nazismo, habló de la “búsqueda de sentido” que alienta la vida humana: recogiendo esa perspectiva, esperamos seguir el ejemplo de exitosas experiencias nacionales e internacionales como Imágenes y voces de esperanza, donde se recopilan ejercicios de narrativas restaurativas que aceptan el reto de superar la sensiblería por el dolor o por la milagrosa recuperación, para concentrarse en los procesos individuales y colectivos de resignificación de la vida después del horror. Con estos hilos también se ha de tejer la esperanza.