Columnistas

De Comisiones y otros
Autor: Alberto Maya Restrepo
27 de Abril de 2015


Los comisionados para hacer propuestas que lleven a una reforma tributaria estructural se han referido a tres temas: aumentar el IVA por allí al 18%, poner gravamen a los dividendos y mirar con lupa las entidades sin ánimo de lucro.

Ello indicaría que la real meta son esos temas, así que temo que de “estructural” nada va a tener y, muy al estilo santista, dejarían la colcha de retazos que hoy distingue nuestras normas tributarias. En Colombia es todo un camello, como dicen, hacer la declaración de impuestos y la respectiva liquidación, sin comprender que un régimen simplificado, claro, de fácil manejo e interpretación seguramente redundaría en recoger más tributos. Con el calvario tributario creo que no van a acabar esos comisionados porque, además, dudo que ellos mismos hayan tenido que hacer sus declaraciones, cosa que dejarían en manos de expertos, pues hasta para el economista más avezado es un injusto galimatías lo que ahora rige.


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Con lamentable frecuencia se destapan en el país horrorosos casos de corrupción. De ninguna manera se encuentra justificación a esos hechos y los culpables han de ser sancionados severamente, lo que cada vez se ve más difícil porque ya sabemos el grado de deterioro de la justicia. Ahora bien, el Ejecutivo debe dar ejemplo porque muy parecido a extraer fraudulentamente recursos que son de todos los colombianos, es gastar inmisericordemente en costosos viajes innecesarios, en propaganda oficial, en comprar realización de marchas de respaldo, en repartir mermelada a medios de comunicación para que hagan eco positivo a la tarea de buscar, a cualquier costo, una paz enmarañada. Por las malas, a través de procesos corruptos, se pueden desangrar las arcas de la nación, pero “por las buenas”, simplemente por pertenecer a la rosca, se pueden obtener jugosos contratos y pagos para cumplir con la tarea de informar, de orientar opinión, aparentando que, efectivamente, lo que se alaba es en verdad bueno.


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Otra lectura que se hace sobre el nombramiento que hizo Santos de una Comisión para la paz, es decir, otra Comisión más, es que el mandatario está desesperado y confundido, lo que obviamente no va a reconocer, por orgullo y por estrategia. Desesperado porque su anhelado Nobel de Paz pareciera difuminarse en un atolladero serio, y confundido porque en su partida de póker no ve la salida. Cuando alguien empieza a nombrar asesores y comisiones, de hecho ya existiendo otras, es mala señal. Por su lado, las Farc parecieran estar en su ley, sin cronómetro que las afane, sin otras ideas diferentes a las que han dado a conocer reiteradamente. La señora O´Grady, editora del Wall Street Journal, con razones dijo que “Santos quiere la paz, pero no una buena paz”. Su percepción no se aleja del modo de ser del mandatario colombiano, a quien le gustan los shows, las fotos, los apoyos de los medios (algunos de ellos pagados), en fin, la frivolidad, la poca profundidad y… el Nobel de Paz.


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Escuchando a varios importantes juristas me queda la amarga sensación de que Santos, paso a pasito, busca llevarnos a que Colombia sea otra Venezuela, tal vez, conforme a dictados de las Farc en La Habana. Entiendo así que la reforma que se discute sobre el tal Equilibrio de Poderes a lo que lleva es a aumentar el poder presidencial sobre la rama judicial. Es decir, al estilo chavista, lo que habría sería un desequilibrio de poderes o, mejor, una concentración absurda de poderes en el presidente, pasando a ser la justicia un apéndice de la voluntad, del querer, de los caprichos del Ejecutivo y, según manifestó un jurista, con el respaldo y la fuerza de la Fiscalía.


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Que por fin Santos nos explique qué pasa con la educación. A cada rato hacen paros y cuando los levantan, supone la gente, fue porque solucionaron de fondo el asunto. Pero no, ya es como un juego de pedir y pedir o una engañadera con acuerdos y promesas que no se cumplen.