Columnistas

Que digan la verdad
Autor: Jaime A. Fajardo Landaeta
20 de Abril de 2015


Los once militares muertos y los 19 heridos, luego del vil ataque al polideportivo donde estaban acantonados, concita un repudio generalizado de la comunidad y las instituciones.

Y le resta credibilidad a un proceso de diálogos que en los últimos días había cosechado apoyos significativos en los ámbitos nacional e internacional.


Algo ha sucedido al seno de las Farc que debe ser aclarado por sus voceros, habida cuenta de que en Cuba están presentes tres de los altos mandos de la estructura atacante: ellos tienen que garantizar que la línea de mando se cumpla y que se acaten las disposiciones que imparten. Que no nos confundan con explicaciones a medias: si es que hay fisuras internas, que lo reconozcan abiertamente y adopten medidas para asumir los costos del hecho y evitar hacia el futuro nuevas tragedias.


Lo más preocupante es que este ataque se produce justo cuando en el escenario internacional se viene posicionando un clima favorable a las negociaciones, derivado del apoyo contundente que se logró en la Cumbre de las Américas, sumado a los buenos vientos que soplan a partir de la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas entre Cuba y los EE. UU., panorama que le otorga un mayor respaldo a las conversaciones en marcha en La Habana.


Al ordenar la reactivación de los bombardeos el presidente Santos hace lo correcto. Recordemos que la decisión de suspenderlos se dio porque las Farc mantenían la hoy rota tregua unilateral que decretaron en diciembre pasado.


Para retomar el sendero ganado en los diálogos, que gane validez su continuidad y se arraigue la confianza que deben suscitar entre quienes apostamos por la paz, es necesario que esa guerrilla haga claridad meridiana sobre todas las aristas del espinoso tema. Pero también para frenar definitivamente las pretensiones de la extrema derecha colombiana de convertirse en defensora de la fuerza pública y de las víctimas de tragedias como esta y similares. Que ella no se tome como caballito de batalla para insistir en el derrumbe del proceso de negociación, porque resulta imposible pensar que este ataque obedece a órdenes impartidas por el secretariado de las Farc o por sus delegatarios en La Habana. 


Que este luctuoso hecho se convierta en oportunidad para que el senador Uribe y sus seguidores, malquerientes de oficio de la negociación, le den un giro a su actitud y sumen esfuerzos, talento y liderazgo para el buen suceso de su culminación, sin más distractores. Ello no implica que renuncien a sus posturas críticas. En el mismo sentido va el llamado al procurador, Alejandro Ordóñez, quien debería ser el primero en defender la lucha por la paz y no su mayor enemigo: ¡No más politiquería con el Ministerio Público!


Confiamos en que este triste episodio se convierta en detonante para que las negociaciones se aceleren y los temas de desescalamiento se concreten de una vez por todas: que regresen los menores de edad al servicio de la guerrilla y se concrete el desminado masivo en todo el territorio colombiano, mientras se preparan las condiciones para la anhelada desmovilización.