Editorial

Construir calidad de vida
18 de Abril de 2015


En los frecuentes debates en torno a las soluciones que necesita la ciudad para enfrentar sus problemas de movilidad, de d閒icit de vivienda o de sostenibilidad ambiental, el verbo construir suele ser el m醩 utilizado.

La mayoría de las veces en referencia a nueva infraestructura y casi nunca a la calidad de vida de los habitantes de la urbe, quienes deberían ser siempre el foco de atención de la planeación y de las iniciativas de desarrollo. Más autopistas, más vehículos y más edificaciones casi siempre son tomadas como sinónimo de evolución y de bonanza económica, de modo que más árboles, más senderos y más bicicletas son mirados a veces con desconfianza, como si la calidad del aire, el espacio público, la recreación y el encuentro ciudadano no fueran también factores fundamentales a la hora de hablar del crecimiento.


La tesis de que los nuevos espacios que se construyen en la ciudad son meras intervenciones cosméticas revela un enfoque equivocado del progreso, algo evidente en dos botones de muestra: el debate persistente en torno al proyecto Parques del Río y las acciones judiciales con que se pretendieron suspender las obras de construcción de la ciclorruta de la carrera Palacé. Sobre el primero, es oportuna la celebración, desde el jueves y hasta hoy, en la ciudad de Montería, del Foro Global de Ciudades con Río, que escogió a la capital de Córdoba como sede -el primer evento internacional de esa categoría en la historia de esa ciudad- precisamente por la experiencia exitosa de la Ronda del Sinú, un parque lineal de más de 2.300 metros de extensión que se convirtió en referente turístico y patrimonio de la identidad de la ciudad, en torno al cual gira hoy día buena parte de su desarrollo. Allí se han dado cita representantes de diez ciudades de Europa y América Latina, quienes están compartiendo sus experiencias y donde Medellín presentó su propuesta.


Según datos de las Naciones Unidas, el 95% de la población mundial vive en torno a mares y ríos, pero la constante, al menos por las experiencias contadas en la cumbre, es que la mayoría de las ciudades han pasado muchos años de espaldas a ese recurso, pese a que la experiencia histórica muestra cómo las grandes civilizaciones se desarrollaron cerca a fuentes de agua, pues de ello dependía la vida. Y si bien en las sociedades modernas la cercanía a los afluentes no es vital, estos siguen siendo los articuladores naturales del desarrollo y los espacios ideales para el disfrute, que es precisamente lo que han mostrado las experiencias de ciudades participantes en el foro como Bilbao y Barcelona, en España; Cuenca, en Ecuador; Lima, en Perú; Santiago de los Caballeros, en República Dominicana y Barranquilla. Recuperar el río, en nuestro caso, no sólo significa invertir directamente en la descontaminación de sus aguas -tarea que viene cumpliendo desde hace más  de tres décadas Empresas Públicas de Medellín con inversiones que superan los 1.000 millones de dólares-, sino también devolverle su vocación de punto de encuentro en los alrededores sin dejar de mantenerlo como eje de la movilidad.  Este espacio, con miras a la materialización del nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, es algo que se convierte en una necesidad prioritaria.


Porque en una ciudad como Medellín, rodeada por montañas sobre cuyas laderas no puede seguir construyéndose irresponsablemente, la propuesta de densificar en altura es la única viable en términos de planeación, y este ejercicio no puede dejar de lado la generación de nuevos espacios públicos para los nuevos pobladores. Tan importante como la planeación de vivienda es, pues, la planeación de los espacios de disfrute y de servicios, que tal vez ahora haya quienes no los vean necesarios. El río y sus proximidades son hoy los espacios que hay que proteger y que hay que delimitar antes de que lleguen los complejos habitacionales.


Así como se debe proteger el espacio para las ciclorrutas, nuestro segundo botón de muestra. La red de vías exclusivas para los ciclistas debe delimitarse ahora y no cuando cada metro cuadrado de la ciudad esté ocupado, de manera insostenible, por viviendas o vías. Por eso aplaudimos la sentencia del juez 39 penal de Medellín, quien en fallo del pasado 8 de  abril declaró improcedente la acción de tutela instaurada por un comerciante de Palacé que pretendía que se suspendiera la construcción de la ciclorruta en ese sector. Vale aclarar que sólo una de las 33 acciones interpuestas originó, de manera absurda, la medida cautelar de suspensión de obras, y fue precisamente la fallada por el Juzgado en mención. Del paquete de acciones restan siete por resolverse, pero es de esperarse que el sentido de los fallos sea el mismo de las 26 ya falladas en este nuevo capítulo del abuso de la acción de tutela.