Columnistas

Revoluci髇 III
Autor: Hern醤 C醨denas Lince
18 de Abril de 2015


El tema de mis 鷏timos art韈ulos ha sido sobre las tres m醩 importantes revoluciones en la historia de la humanidad.

Ya traté lo relacionado con la revolución mundial que causó el invento del libro impreso con prensa rápida, el "libro" cambió la historia del ser humano sobre la tierra. Luego traté el tema de la célebre revolución francesa, la que influyó profundamente en la política de la humanidad. Todo lo anterior me lleva a que hoy me concentre en tratar el tema de la revolución industrial, la que se inició en Inglaterra en el siglo XVIII, país en el que principiaron a aparecer modernas máquinas para los telares y luego la poderosa máquina vapor, lo que hizo surgir a los ferrocarriles, que cambiaron el comercio y la economía y aceleró rápidamente el progreso de los países europeos y de Norteamérica, pero lo más interesante era que los cambios económicos se estaban dando paralelamente a revolucionarios estudios científicos.


El progreso de las máquinas de vapor en los ferrocarriles fue seguido por los barcos que también principiaron a moverse con máquinas de vapor, lo que aceleró el comercio marítimo mundial, lo que hizo que se disparara la economía de todo el planeta.


En el campo intelectual aparecieron personajes como Adam Smith, quien fue conocido como el autor de la Biblia de la economía. Todo ello sucedía cuando el desarrollo industrial y económico hacía surgir el ‘proletariado industrial’ que tremendamente se quejaba si la industria no se aceleraba. Por otra parte aparece un sabio personaje como fue Jeremy Bentham, quien se interesó en que la jurisprudencia llevara a que la producción pujante de la revolución industrial fuera acompañada de principios ‘éticos’ para que el progreso se repartiera finalmente al bienestar de toda la población. Esa revolución industrial que se desarrolló en Inglaterra fue acompañada de otros intelectuales como Malthus y Darwin, quienes defendían la idea de que el progreso económico debería ser efectivo para todo el pueblo. Otro alto intelectual fue Auguste Comte, quien proponía que en vez de Dios la sociedad debería crear como ser supremo a la ‘humanidad’ para que se impulsara el bienestar de la población gracias a la revolución industrial.


Todos esos progresos de la revolución industrial fueron seguidos por maravillosos inventos como la energía eléctrica, los automóviles, aviones y en el campo de la comunicación el teléfono, la radio, la televisión y ni que decir de los computadores interconectados, al mismo tiempo que es una lástima que todas esas maravillosas tecnologías no estén acompañadas de altos intelectuales que apliquen los principios éticos para que todos esos adelantos técnicos beneficien a toda la población.