Columnistas

Jefe de anotaciones vacacionales
Autor: Rubén Darío Barrientos
16 de Abril de 2015


Primero fue el abogado Augusto Ocampo quien, ante la Corte Constitucional, pretendió que sólo quedaran como festivos los de las fiestas patrias.

So pretexto de arrojar laicismo y aconfesionalidad del Estado, sustentándose en la libertad de credos desde la gran reforma constitucional de 1991. La demanda, incluso, pretendió llevarse entre los cachos la semana santa y proseguir únicamente con las festividades neutras para los diferentes credos. Sin embargo, la andanada fracasó. Ahora es el inefable senador Jimmy Chamorro, del partido de la "U” y líder cristiano, quien busca dos cosas específicas: a) Eliminar tres festivos religiosos, a saber: 19 de marzo (San José), 4 de junio (Corpus Christi) y 1 de noviembre (Todos los santos) y b) Que esos 3 días se vuelvan laborables y se sumen a las vacaciones de los trabajadores, para aumentar su periodo legal de 15 a 18 días.


Entre otras cosas, este político y geofísico de Palmira le inventó una variable: se le daría opción al trabajador para que si quiere utilizar esos días para reflexión religiosa o espiritual, pues no los trabaje y –como castigo– no pueda sumarlos a las vacaciones. Y si escogiere trabajar 1 de los 3 días, sus vacaciones serían de 16 días; si optare por trabajar 2 de los 3 días, sus vacaciones serían de 17 días y si eligiere trabajar los 3 días, sus vacaciones serían de 18 días. Ahora sí, vuelvan atrás al título de esta columna. En las empresas, bajo la Ley Chamorro, habría que crear el cargo de “Jefe de anotaciones vacacionales”, pues en ese pandemónium habría que llevarle la cuenta a cada uno, como deshojando margaritas: trabajó o no trabajó; vino a laborar o no vino…


De una vez me comprometo en el concepto: tan no estoy de acuerdo con suprimir esos 3 días festivos, como en agregar más (y aquí retrotraigo el intento fallido de los ponentes Germán Blanco y Olga Suárez, para convertir el 12 de mayo en festivo religioso en honor a la Madre Laura Montoya). En un país lleno de estrés, angustias, deseos de buscar un descanso reparador y enseñado a ganar recargos laborales por festivos, pulverizar lo que hay es gravoso. La Ley Emiliani, que data de 1983, mantiene su poderío: activar la economía, disparar el sector turístico, congregar en los pueblos a sus hijos e invitados, atiborrar los centros comerciales, llenar las salas de cine, brindar espacio a caminatas ecológicas o… simplemente descansar y dormir hasta tarde.


Estaba recordando que Chamorro promovió un proyecto de ley (toda una reforma constitucional), bajo la propuesta de que los congresistas tuvieran menos vacaciones y que trabajaran dos meses más (que inicien legislatura el 16 de enero y no el 16 de marzo). Como que le gusta el tema de las vacaciones. A los padres de la patria, les quiso recortar las vacaciones y a los trabajadores les quiere ampliar esa vacancia. En mi sentir, un nuevo acto populista y desfasado. Esas excepciones que se crean y que tendrían el encarte para el “Jefe de anotaciones vacacionales” son antitécnicas y anárquicas. Poco serias. La ley debe ser general y Chamorro la contempla selectiva. Veo que busca quitarle al catolicismo un posicionamiento de festivos religiosos: el senador heredó de su padre Néstor, la iglesia cristiana. No perder de vista su condición de pastor.


Chamorro tiene fibra y coraje. Superó un cáncer ubicado en muchas partes del cuerpo. El congresista Mauricio Lezcano lo acusó de tráfico de influencias. De igual forma, Uribe lo sindicó de haber recibido cheques del narcotraficante Victor Patiño (¿Lo recuerdan?). El pastor denunció a Uribe por injuria y calumnia, pero dos horas antes de la audiencia en la Corte Suprema de Justicia, retiró la denuncia. Fue cabeza de lista del partido de la “U” para Senado. Siento que fracasará. Le pronostico el hundimiento al proyecto de ley. El país ya convive con los festivos actuales y hace falta congraciarse con ellos. Febrero y septiembre no tienen festivos y son largos y fríos. No nos digamos mentiras. Al suelo, pues, con el conato de acabar con lo sabroso.