Editorial

El terrorismo clim醫ico y sus costos
12 de Abril de 2015


El cient韋ico Bjorn Lomborg, pionero del pensamiento esc閜tico sobre el cambio clim醫ico, se encuentra cada vez menos solo en su exigencia de mayor rigor en las investigaciones sobre el clima.

Otros reconocidos investigadores comienzan a sumarse a su exigencia por nuevos datos y mayor rigor en el análisis sobre un fenómeno que asusta a la humanidad. Ejemplo de ello es el trabajo Definiendo la era en que vivimos, que un grupo de investigadores de la Universidad de Virginia acaba de publicar en la revista Science. Ellos demandan que se analicen las edades geológicas, que son de millones de años, como otro determinante del cambio de comportamiento del clima mundial. La ampliación del debate ha impuesto la renuncia al concepto de “calentamiento global” y la búsqueda de causas del cambio en las condiciones climáticas del mundo.


La efervescente discusión de la comunidad científica mundial sobre este tema contrasta con el predominio del Gobierno Nacional como voz dominante en la presentación de pronósticos sobre el comportamiento del clima del país en el corto y mediano plazo. También, con que estas divulgaciones se hagan preferencialmente a través de noticias en los medios masivos de comunicación y no, como fuese deseable, por medio de publicaciones científicas de las universidades o por informes de periodismo científico, que se enfoca en la presentación de escenarios posibles, siempre acompañados por series de datos y argumentos académicos que sustentan el análisis de los expertos. La forma de presentación de los temas climáticos y meteorológicos vigente en el país recuerda el histerismo climático que dominó las publicaciones del mundo en los años noventa y primera década de este siglo, con pobres efectos en la transformación de las relaciones del hombre con su entorno natural y en el cambio de su estilo de vida consumista.


En los últimos meses, el país fue bombardeado por multitud de noticias, recomendaciones y hasta órdenes institucionales sobre generación de energía termoeléctrica y aumento de costos del consumo de agua, con el propósito de enfrentar los estragos del Fenómeno de El Niño. Las publicaciones y consideraciones fueron la base para que el presidente Santos enarbolara la bandera de la prevención con intervenciones como las de diciembre de 2014, en las que pronosticó que el hecho sería “inevitable” y reclamó, en consecuencia, “prepararnos desde ya para mitigar sus efectos”. A esas intervenciones han seguido las demandas de cuidado lanzadas por directivos del Ideam, las cuales fueron especialmente notorias el pasado mes de enero, tiempo de la sequía estacional, siempre acompañada por la mayor intensidad en la radiación solar, explicable por la posición del astro rey en el firmamento. Desconocedores, ¿a propósito o por falta de estudio? de la historia del clima del país, los funcionarios de esa entidad ofrecieron amplias declaraciones, reproducidas sin mayor crítica, sobre el Fenómeno que consideraron evidente, y recomendaciones, cuya aplicación ha sido costosa para el Estado y los ciudadanos, para paliar sus efectos.


Pasados varios meses sin que la amenaza tome forma, los directivos del Ideam insisten en su existencia, alargando el período en que pudiera llegar a presentarse. Además, han generado una nueva alerta, alimentada, a semejanza de la anterior, con datos críticos y escasa sustentación científica sobre las metodologías y análisis considerados para construirla. En esta oportunidad se trata de un detallado conjunto de predicciones sobre cambios en temperaturas, pluviosidades y condiciones de los suelos de las regiones, hasta el año 2040. A pesar de los detalles que la acompañan, la información entregada a los medios de comunicación es pobre en explicaciones sobre la metodología utilizada en el estudio y los criterios para construir predicciones ¡exactas! sobre el comportamiento de estas variables en el curso de 100 años. La publicación de datos poco confiables para científicos que reconocen la práctica imposibilidad de la predicción meteorológica de tal nivel de detalle, ha abierto el camino a propuestas de altísimo costo, y alta sospecha de especulación comercial, para mitigar los efectos de la catástrofe. Alejados de su condición de científicos y olvidando sus responsabilidades en la formación de conciencia ambiental, los investigadores y funcionarios criollos devienen en casandras que derrochan las valiosas oportunidades que se les ofrecen para educar a ciudadanos respetuosos de la naturaleza y listos para el mejor aprovechamiento de sus escasos recursos.