Palabra y obra

Colombian movie-makers make their own way in Buenos Aires
Cineastas colombianos se abren paso en Buenos Aires
11 de Abril de 2015


Este año el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente Bafici, máximo referente de cine independiente de la región, tendrá entre sus protagonistas tres producciones realizadas por un mismo grupo de colombianos radicados en Buenos Aires


Foto: Cortesía 

Los directores de cine Juan Sebastián Quebrada, Hans Fresen y Simón Vélez, integrantes de la productora Montañero Cine y del Jakie Cine Club.

Jerónimo Atehortúa


Especial para EL MUNDO


Existen dos tipos de festivales. Por un lado están aquellos que van por caminos ya recorridos, que seleccionan películas reconocidas y galardonadas para ganar prestigio.  Del otro están los festivales que crean prestigio, que abren camino, que toman riesgos y miran hacia el futuro. A esta segunda categoría pertenece el Bafici, un festival en el que muchos de los grandes autores de hoy tuvieron sus primeros impulsos. 


El festival, que este año se celebrará entre el 15 y el 23 de abril, cuenta con la participación de tres jóvenes directores colombianos: Juan Sebastián Quebrada, Hans Fresen y Simón Vélez, quienes hacen parte de un colectivo de colombianos radicados en Buenos Aires, unidos por su cinefilia y visión particular del modo de hacer cine. 


¿De qué tratan sus películas y como fueron realizadas?


Vélez: Mi película se llama Por ver la luz en tus pupilas decía mordicante el réprobo. Es un proyecto que se inspira en los poemas de León de Greiff. La idea fue transportar ciertas imágenes que hay en su poesía al cine. El corto se filmó hace un año con un grupo de amigos, se hizo solamente con la cámara, no teníamos luces. Partió también de las ganas de irnos con el grupo reducido a un lugar particular, para ir desarrollando libremente la idea que tenía. 


Fresen: Mi corto se llama Ella, la noche. La historia nace de observar a mi exnovia  y  fantasear con ella y conmigo en el futuro. Fue un corto muy barato. El rodaje fue con un equipo chico, porque a mí también me interesaba hacer un corto que empezara como un documental y que poco a poco fuera tomando forma de ficción. 


 Lo bueno fue que conté con dos actores reconocidos en el medio del cine independiente argentino, Esteban Bigliardi y Sofía Brito, lo cual fue un privilegio para mí. 


Quebrada: Mi película se llama Días extraños. Trata sobre una pareja de colombianos que viven en Buenos Aires y tienen una relación destructiva. El proyecto surgió en clase cuando era alumno de la Universidad del Cine. Empezó como un ejercicio práctico que iba filmando cada 15 días. Éramos un fotógrafo, dos actores y yo. Entre los cuatro hacíamos todo. 


Con ese modo de producción hicimos cerca de veinte minutos de la película. La trama la iba encontrando semana a semana. Esa primera parte sirvió para encontrar el universo y los personajes. Ya después escribí el resto en un guion y organizamos un rodaje un poco más convencional. Una de las cosas más lindas de este rodaje, fue que al haberse hecho con un grupo de amigos, todos aportaron a la historia. Algo que más facilitó que la película se pudiera hacer fue la determinación de que los actores siempre vistieran igual. Eso nos permitió ir tomando decisiones sobre la marcha sin preocuparnos en ese momento por el orden de lo que iba pasando.


Imágenes de la película Ella, la noche, de Hans Fresen. 


A pesar de estar filmando sus películas en Argentina ¿ustedes aspiran ser considerados como parte del cine colombiano?


Vélez: A mí me encantaría y siento que mi película es colombiana, no sólo porque yo lo soy sino porque gran parte del equipo que me ayudó a filmarla es colombiano. Me pasó que envié mi proyecto a un montón de festivales en Colombia y en todos fui rechazado. Luego al ser aceptado en el Bafici, que es el festival más grande de Argentina, me sentí muy contento, pero un poco decepcionado también por no haber podido mostrar mi película en mi país. Quizá a raíz de esto pueda hacerlo. 


Fresen: A mí me encantaría ser parte del cine colombiano. Me pasa que jamás me sentí muy identificado con ninguno de los cineastas colombianos. Ahora me pasa un poco con Franco Lolli.


Quebrada: Yo siento que en Colombia poco a poco se está gestando un cine independiente. Y es ese cine al que creo que pertenecemos nosotros, así sea desde la distancia. 


Simón,  en su corto veo muchos elementos iconográficos de películas colombianas recientes pero dispuestos de un modo más abstracto y radical ¿era intencional? 


No. Eso fue algo que se dio. El corto estuvo lleno de circunstancias azarosas que traté de integrar, y terminó siendo algo distinto a lo que yo imaginé pero muy atractivo también. El sentido más abstracto en las imágenes surge ya que mi intención, más que narrativa, es poética. La trama de una mujer que muere quemada y se transforma en fantasma es mía, pero las imágenes vienen de la poesía de León de Greiff. 


Sebastián,  ¿qué tanto tuvo que ver el espacio, Buenos Aires, con ese tono de cine independiente lleno de vitalidad que tiene su largometraje?


Pienso que esta película sólo es posible en Buenos Aires. En Colombia creo que no habría podido existir. Para mí era importante representar a personajes colombianos fuera de su sistema y creo que esta ciudad me permitió  eso, porque al ser un entorno tan diferente, se hacía necesario que me alejara de los tópicos y elementos habituales del cine colombiano. En ese aspecto fueron muy importantes los protagonistas, Juan Lugo y Luna Acosta, quienes no son actores profesionales, pero tienen mucha cultura cinematográfica, que les permitía entender el registro que buscaba.


Hans, en su corto le da la espalda a la determinación social del trabajo y sólo quedan los sentimientos, ¿tiene esto un sentido estético o político?


Ese es uno de los temas de la película. Siento que parte de nuestra generación está viviendo una prolongación de la adolescencia que puede llegar hasta los 40 años, como le pasa al protagonista del corto.   Acá tuve un profesor de filosofía, que decía que los jóvenes deberían empezar a trabajar a los 40, lo cual me pareció absolutamente provocativo. Este es un tema que me atormenta. Porque cuando trabajo en algo que no tiene que ver con cine me siento mal, pero al mismo tiempo siento que es algo necesario, porque se supone que es lo correcto.


A diferencia de las más recientes películas colombianas no veo una agenda política o social que rija sus historias, ¿este rasgo hace parte de sus búsquedas como directores?


Quebrada: Es parte de mi búsqueda. Me llama más la atención lo que pasa en la intimidad y en los vínculos  de las personas, en formas de vida más claustrofóbicas, sin necesidad de apelar a la determinación de la sociedad, pero teniendo en cuenta que la sociedad o el contexto será siempre el marco que permita que estas formas de vida existan.


Vélez: Personalmente, me interesa sobre todo dialogar con la música y la poesía, que son formas temporales abstractas que me hacen tomar cierta distancia con la narración. Para mí hacer este tipo de películas es un gesto político, porque con ellas me corro del lugar común que dice que el cine es algo educativo o que debe transformar a las masas.  Acudir a otros modos de representación es también revelarse contra esa obligación que a veces siento que se le quiere imponer al cine: en Colombia las películas tienen que tener realidad social y las películas que no son así pasan desapercibidas


Fresen: Siento que el asunto político va a ir apareciendo a lo largo del camino. De todos modos a mí me interesa que aparezca como algo lateral. Sé que representar nuestra realidad es muy sano y necesario, pero también  creo que es fundamental afirmar que no sólo se hace cine para eso. El cine también está para celebrar la vida, para admirar algo, para imaginar. 


Ustedes hacen parte de un mismo grupo de cineastas ¿cómo se sienten por estar estrenando en el Bafici tres producciones a la vez? 


Vélez: El Bafici es muy especial porque se ha convertido en un gran referente. Desde que uno empieza a estudiar cine en Buenos Aires el momento del Bafici es el momento de ver todas las películas, es un momento de aprendizaje. Ahí conocí directores, encontré cosas nuevas, en ocasiones la pasé mal con algunas películas. El caso es que entrar  a hacer parte de eso es algo muy grande. Es entender que los programadores, que son gente conocedora, han visto algo en nuestros proyectos y  sienten que en ellos está la semilla de algo. 


Quisiera saber un poco más sobre el grupo de cineastas que ustedes conforman. 


Vélez: En realidad son dos grupos. Nosotros hacemos parte de una productora llamada Montañero Cine, que es donde están pasando todos estos proyectos. El otro grupo, que es la misma gente, se llama Jakie Cine Club (siete miembros), que es un espacio de cinefilia. Nos reunimos todas las semanas a ver películas, discutimos, compartimos nuestros proyectos bajo una dinámica de colaboración. 


Quebrada: El grupo es un espacio muy positivo porque desde que uno empieza a estudiar cine lo primero que le explican es que esto es un trabajo en grupo. En el grupo que nosotros tenemos, los gustos e inquietudes sobre cine se exploran grupalmente. En él se van marcando líneas de qué ver, qué leer, qué discutir.


¿Qué es lo que los une como grupo?


Vélez: Nos une como grupo el hambre de hacer cine. Pero también las grandes diferencias que hay entre nosotros. Cada uno tiene una búsqueda personal, formal, narrativa y de alguna manera eso ha permitido que todos podamos aportar a un proyecto grupal. Hemos podido crecer a partir de las diferencias. 


Quebrada: En el grupo todos venimos de entornos sociales similares. Todos venimos de familias clase media, con padres profesionales, dedicados a actividades no artísticas. Entonces nuestras preocupaciones son las de una clase media urbana. Estamos con nuestra pequeña tradición cinematográfica, y nuestra educación artística, que es pequeña, intentando potenciarnos para tener algo que decir.   


Fresen: En el grupo nos une la complicidad. La idea de que más allá de que hagamos cosas distintas, nos entendemos entre nosotros, y como nos entendemos podemos trabajar juntos y creemos en lo que el otro hace. 




El Bafici

Durante los diez días que toma el Bafici se presentan más de 400 películas, y se venden alrededor de 350.000  entradas. Cifras así sitúan al Bafici como una de las muestras cinematográficas más relevantes del mundo; la cantidad de cine que se ve en sus pantallas no tiene nada que envidiarle a festivales como la Berlinale. 


A diferencia de los festivales tradicionales que se llevan a cabo en famosos balnearios (Cannes, Venecia, San Sebastián, Cartagena, entre otros), uniendo las ideas de cine y turismo, el Bafici es un festival de ciudad; no se celebra en medio de una temporada vacacional, y tampoco pretende atraer espectadores  con el brillo de las alfombras rojas y las estrellas del jet set internacional. 


El Bafici es un festival de cine concentrado en explorar las nuevas formas de representación, es el lugar dónde ver el cine que busca su renovación constante.




Las producciones

El largometraje Días extraños es la opera prima de Juan Sebastián Quebrada y  con ella compite en la categoría más importante del festival, la selección oficial internacional, que está destinada a primeras, segundas y terceras películas de los directores. 


El cortometraje Ella, la noche, dirigido por Hans Fresen, participa en la competencia oficial de cortometrajes, mientras que Por ver la luz en tus pupilas decía mordicante el réprobo hace parte de la muestra de cortos del festival.


Quebrada y Fresen previamente ganaron con sus respectivos proyectos el Fondo Metropolitano de Cultura, las Artes y las Ciencias del Ministerio de Cultura de Buenos Aires, estímulo que les permitió terminar sus películas y les garantizó su ingreso automático al Bafici. 


Las tres producciones fueron realizadas por la productora Montañero Cine, conformada por los mismos directores y otros cineastas colombianos radicados en Buenos Aires.