Columnistas

縁rancisco castro-chavista?
Autor: Bernardo Trujillo Calle
11 de Abril de 2015


A鷑 no se atreven los fundamentalistas a tildar de subversivo al Papa Francisco por sus piadosas palabras sobre la paz colombiana.

Pero estallarán en su oportunidad, nadie lo dude.  Los siete días santos que concluyeron el domingo, antes que permitir momentos de sana reflexión sobre los horrores de la guerra, los envalentonó renovándoles las energías para atacarla.  Ni el Centro Democrático (?), ni la rezagada falange que lidera el Procurador Alejandro Ordóñez desde su privilegiada oficina de acción política antisantista, sede de su prematura candidatura presidencial, se van a quedar callados ante el mensaje publicado en El Colombiano del domingo anterior, en el cual campea el compasivo pensamiento de la Iglesia, expreso y rotundo que convoca a los colombianos a acogerse a los esfuerzos por conseguir el final de la guerra.


Pide Francisco “seguir trabajando en favor de la justicia, de la fraternidad, de la solidaridad, del diálogo y del entendimiento que son fundamentos de la construcción de una sociedad renovada”.  El reciente rifi-rafe Santos-Ordóñez no es el primero, ni será el último mientras el proceso de paz de La Habana siga por buen camino, dado que es sobre su fracaso sobre el cual la candidatura presidencial del Procurador quiere cabalgar.  Las agrias palabras cruzadas son elocuentes: “deje de hacer política y de meterse en el proceso de paz”, le increpa el Presidente al Procurador.  Y éste responde desde su fortaleza oficial: “El proceso de paz no está por encima de la Constitución, ni el Presidente por encima de la ley”.  La altanería del funcionario huele a demagogia preelectoral y tiene el tufillo inconfundible de la sobradez.


Desconoce el alto funcionario la diferencia de papeles que ambos juegan y por eso asume desde su tribuna política el que le corresponde cumplir al Presidente por mandato de la Carta como Jefe de Estado, de Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa.  Además, y nadie se equivoque al respecto, al Presidente se le atribuye la función de dirigir la fuerza pública y disponer de ella como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.  Otra cosa: trabajar por la paz que es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.  Y es esta distancia la que pretende acortar el Procurador en un raro intento por nivelarse por lo alto sin haberse sometido a la prueba del escrutinio nacional en unas elecciones.  Está bien que sueñe.  Pero mientras tanto, “cada loro en su estaca”.  O dicho de otra manera: “zapatero a tus zapatos”.


Naturalmente que todos tenemos el derecho constitucional de aspirar a la Presidencia, tal vez el oficio menos exigente en cuanto a requisitos formales: ser colombiano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y tener 30 años, los cuales cumple holgadamente el señor Procurador, quien goza también de los afectos del presidente del Directorio Nacional Conservador al que ha conseguido subyugar. David Barguil, el talentoso monteriano, lo tiene desde ya entre ceja y ceja como su candidato. Esto le confiere una ventaja sobre Marta Lucía Ramírez, la mujer que sacó del marasmo a su Partido contra viento y marea, cuando había perdido su vocación de poder.


Desde mi orilla liberal, yo preveo que la suerte de Ordóñez, en cuanto a su aspiración presidencial, será parecida a la del doctor Álvaro Gómez Hurtado por dos razones: porque no es un secreto su devoción por la Casa Gómez desde siempre y porque será el candidato, si es que llega a serlo, que consiga aglutinar en su contra todos los partidos de estirpe democrática: la izquierda, el liberalismo, los verdes etc. y la parte más moderada del conservatismo que permanece dentro de la Unidad Nacional.


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Carlos Gaviria fue ante todo un docente que hizo Escuela desde su cátedra. La política partidista –liberal- la ejerció en la Universidad con moderación. Al llegar a la Corte Constitucional, fue la revelación. Desentrañó los secretos más hondos de las normas, siempre en favor de la justicia, el humanismo, la ética. El Senado le endureció su discurso democrático de izquierda y como candidato presidencial le dio merecida gloria a su Partido, El Polo, elevándolo en la consideración de la Nación. Fue un grande hombre, cuya pérdida lamenta el país.