Columnistas

¿Un sistema carcelario obsoleto y corrupto?
Autor: Iván Guzmán López
7 de Abril de 2015


El jueves 5 de febrero de 2015, Colombia toda se estremeció por el asesinato de 4 hermanitos indefensos en una zona rural de Florencia, Caquetá.

El 14 de febrero del año en curso, fue detenido el autor material de la masacre: se trata de Cristopher Chávez Cuéllar, de 42 años, que ostenta el macabro alias de “el Desalmado”.  “Se había ganado ese apodo luego de que en el 2004 fuera capturado por haber violado, asesinado y desaparecido a una mujer en Ibagué”.  El general Rodolfo Palomino, director de la Policía, señaló que “Chávez Cuéllar había sido condenado a 40 años de cárcel, pero en el 2014 recuperó la libertad tras pagar sólo 10”. Es decir: ¡la violación, asesinato y desaparición de una colombiana, sólo le valió 10 años de cárcel!, lo que aprovechó para perpetrar la masacre de los cuatro menores, a los que asesinó porque “lo poseyó una fuerza sobrenatural”. Parece que la “fuerza sobrenatural” que poseyó al delincuente, fue condición suficiente para que fuera recluido en Las Heliconias, una cárcel de mediana seguridad, pertenecientes a las famosas Eron (establecimientos de reclusión del orden nacional), “cárceles que iniciaron operación con 500 guardianes, pero que hoy funcionan con 200 unidades” (El Mundo, martes 31 de marzo de 2015). Parece que para el sistema judicial y penitenciario, este individuo no era de alta peligrosidad y no debía ir a una cárcel de máxima seguridad como la de Itagüí o la de Cómbita, en Boyacá. En consecuencia, producto de una torpe decisión y de un sistema carcelario obsoleto y corrupto, el individuo se fugó. Afortunadamente, fue recapturado la semana pasada. ¿Cuánto cuesta en dinero al Estado (a los ciudadanos, que pagamos impuestos) y en opinión pública nacional e internacional, la fuga de un preso en Colombia?


Lo cierto es que esta fuga lo que está poniendo por centésima vez en el tapete es la grave situación del sistema carcelario colombiano, agobiado por problemas de corrupción, hacinamiento, inseguridad, dotación técnica e infraestructura física inadecuada, a más de la falta de garantías para quienes trabajan allí. En un comunicado, fechado 30 de marzo de 2015, la Defensoría del Pueblo pide al Gobierno que declare el estado de emergencia social para afrontar la crisis carcelaria que, apunta, ha dejado en evidencia la fuga de alias el desalmado. Con justa razón, ese despacho resalta el hecho de que la fuga se haya dado en circunstancias que están siendo investigadas por posible complicidad de las autoridades. Además cuestiona el que ella ocurra sencillamente “tras romper una de las verjas de la prisión con un cortafrío cuya procedencia se desconoce”. Y que “además, según explicaron las autoridades tras recapturar al criminal, su celda ¡no contaba con candado!”.


Según el vicedefensor del Pueblo, Esiquio Manuel Sánchez Herrera, luego de sus constantes visitas a las cárceles colombianas, “en muchas de estas cárceles la realidad es tan compleja que los presos no se han querido fugar por la necesidad que tienen de pagar su condena, pero el día que quieran escaparse, la actual infraestructura no lo podría impedir”.  


Sin duda, el gobierno Nacional debe redefinir este sistema judicial y carcelario obsoleto, ineficiente e injusto, que tiene todos los ingredientes para caer en la corrupción (¡si ya no lo está!), y ser manipulado por cualquier delincuente con un mínimo de poder económico o político. Y si no lo hace, el gobierno mismo estará siendo cómplice de una delincuencia cada vez más poderosa y desestabilizadora de un sistema democrático tan débil como el nuestro, que tambalea en sectores como la justicia, la salud, la educación y el empleo, así la estadística diga otra cosa. Para nadie es un secreto, menos para el Estado, que en las cárceles colombianas el amo supremo es el dios dinero.


Puntada final: ¿si un delincuente tan burdo y peligroso, y sin ninguna influencia social, política o económica como el Desalmado puede evadirse tan fácilmente (según el general Palomino, con la complicidad de agentes del Estado), qué no harán los de cuello blanco, mafias o delincuentes organizados, que tanto abundan en Colombia?