Columnistas

La explotación avícola
Autor: Anibal Vallejo Rendón
7 de Abril de 2015


Ganaderos, porcicultores, avicultores, lecheros… fueron afectados por el paro camionero, lo cual quiere decir que esos animales transportados para los mataderos prolongaron su espera para el degüello.

Así como escasearon la carne, la leche, los huevos, para los consumidores, escasearon las materias primas para el alimento de los animales. Cómo desconocer la importancia de estos sectores de la explotación animal en la economía. Más allá de las fluctuaciones de los precios, de las incidencias para las partes, llamamos a considerar la reflexión pertinente a la valoración que como seres vivos estos se merecen.  


La demanda de proteínas de origen animal ha propiciado el desarrollo de sistemas de producción intensivas. Una cifra que puede llegar a los 500 millones de aves confinadas por año en el país genera tal volumen de desperdicios que no se puede desconocer la contaminación de los suelos, del aire, de las aguas. Secuelas que afectan a los seres humanos y a los animales. Es una industria que para enfrentar la competitividad optimiza los insumos requeridos, busca mayor resistencia a las enfermedades e incrementa los niveles de producción para hacerla rentable. Entre sus costos un porcentaje del 65% lo constituye las materias primas las cuales muestran un déficit a nivel mundial, en detrimento de la producción de otros alimentos más racionales con el uso de las tierras. Esta enorme concentración de aves en los galpones produce desperdicios con alto contenido de nutrientes y materia orgánica lo cual degrada la calidad de los afluentes y las aguas subterráneas con emisión de gases y olores ofensivos que propician la incubación de vectores impactando en forma negativa el medio ambiente. De los residuos de esta explotación el de mayor cantidad es la gallinaza, mezcla de las deposiciones sólidas y líquidas con la viruta de madera, cascarilla de arroz o de café.  El del agua residual que es una mezcla de sangre, grasas, plumas, víscera y pollinaza. Y le siguen los de los animales muertos dentro del ciclo productivo  que van a parar a los pozos sépticos, a la incineración o alimento para otros animales. Si, alimento para otros animales en la cadena productiva que nada desperdicia. Casi la mitad de los empresarios avícolas dispone de la mortalidad de pollos para alimentar cerdos, perros y peces. Una práctica arriesgada que puede llevar al contagio de enfermedades entre animales y la propagación de epidemias de una granja a otra. Otras maneras de disponer las aves muertas son el entierro y la incineración que pueden generar impacto ambiental. (Diagnóstico e impacto ambiental de la avicultura, Fenavi, Fonav). Quedan los lotes de gallinas que llaman de descarte, de desecho, cuando acaban su ciclo productivo, las que tienen buena demanda, algo así como los remates de saldos de inventario o de salvamento por condiciones adversas de mercancías deterioradas. A eso han llegado los animales explotados en los galpones de batería. Por algo ese nombre.