Economía

The procession behind the counter
La procesión detrás del mostrador
5 de Abril de 2015


Durante esta Semana Santa las ventas estuvieron al calor de cada rito, sin embargo el clima no permitió que estas fluyeran de mejor manera.


Foto: Esneyder Gutiérrez Cardona 

Las figuras religiosas constituyen el pan de cada Semana Santa para más de un comerciante.

Redacción Economía


La llama de Francisco permanece inmutable y no se extinguirá hasta que sean las 11:00 p.m., la hora de cerrar el templo. Y no es su nombre de Papa lo que atrae a quienes salen de la parroquia La Divina Eucaristía, en el barrio El Poblado. Tal vez lo sean las letras de James que sobresalen al respaldo de su camisa blanca del Real Madrid, acompañada por una pantaloneta azul y tenis sin medias. Todos sin embargo, entre niños y adultos, se acercan a preguntarle cuánto vale lo que lleva en su particular bicicleta, en la que se sostiene su máquina de crispetas, cuyo calor envuelve a más de uno en la noche de Jueves Santo. 


“Tengo de $2.000 y $3.000 el paquetico”, responde de manera incansable, aún consciente de que debe volver al otro día en la mañana para acompañar el Viacrucis de la comunidad alrededor, tal como lo ha hecho desde hace ocho años, el tiempo que lleva en frecuentar el mismo sector justo por estos días. Las otras semanas del año permanece en el Centro. No obstante, allí en promedio hará $40.000, una quinta parte de lo que habrá sumado en esta exclusiva zona al final de esta jornada bendita.


Día santo


“Pues sí, se venden como cuatro tintos más”, comenta con voz apacible, tal como la luz que surge de su puesto, Aura Rosa Restrepo, ubicada al frente de la parroquia Santa María de los Ángeles, a un lado de un frondoso árbol al que se mantiene aferrada su improvisada tienda, pues como ella misma afirma “al que buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”.


En palabras de Aura, son seis años y siete meses “bailando este mismo vals”, en consonancia con el período que ha transcurrido desde que una enfermedad pulmonar obstructiva crónica consumió la vida de su mamá, quien llevaba poco más de 40 años al frente del mismo negocio. Una semana antes de morir le confió a su hija la receta del arequipe por el que se hicieron famosos sus barquillos y obleas. Estas últimas son las que persisten como uno de los productos más solicitados en una noche santa como la del jueves pasado.


El Viacrucis es una antigua devoción practicada por los católicos que consiste en meditar los pasos de Jesús en el camino hasta su crucifixión.


No obstante, durante el día, en medio de la romería de infinidad de personas que desfilaban alrededor del parque en el que se encuentra, la petición más frecuente que tuvo fue simplemente agua pura. A esto le acompañó la venta de rosquitas y gomas de mascar, así como los tintos, cuya fabricación, a pesar de no distar de cualquier marca tradicional, ha obtenido una fama particular, por la cual en las primeras horas de la noche ya había agotado la bolsa de 50 vasitos para servirlo.


“Aquí puede comulgar uno”, afirma con voz gruesa uno de sus tradicionales clientes al tomar el paquete de hostias que queda. “Pero el asunto es que en tanta manada no se puede consagrar”, contesta Aura. “Ya el papa Francisco dijo que sí”, le responde él mientras le paga. “Muchas gracias”, responde entre risas ella. “A vos”, le contesta de forma solemne él.


Tradición sin oficio


“Toda la vida todas las parroquias han servido de comercio para todo”, plantea Aura, quien recuerda que durante la antigüedad en todos los lugares grandes donde se presentaban eventos grandes había ventorrillos, y acto seguido alude al capítulo bíblico en que Jesús echó a los ladrones del templo. “Claro pues que los condenados fueron muy atrevidos, en vez de vender afuera se metieron allá”, señala. 


Aura Rosa es teóloga y filósofa de la Universidad Pontificia Bolivariana. Allí trabajó como parte del centro de investigaciones de Antropología de la universidad hasta la enfermedad de su madre. Interrumpe su historia para saludar a una niña que se acerca al mostrador de chocolatinas y dulces que tiene delante. 


“Hoy por hoy no es lo que uno quiera, sino lo que se puede hacer”, declara Aura Rosa con igual acento armonioso al parafrasear la letra de la canción Payaso, de José José. Y aunque dice ser “felizmente soltera y sin hijos”, tiene un padre de 89 años por el que vela “que parecen cinco culicagados”. 


A esa misma hora, debajo de la parroquia Santa María de los Dolores, una de las más visitadas también al sur de la ciudad, Alejandro Hincapié y su padre terminan de vender los 100 velones de $2.000 que llevaron. El último de estos lo compró una señora por $1.000 que prometió pagar la otra mitad al otro día.


“Hay que confiar en la gente”, dice Alejandro después de que su papá le entregara una bolsa de yogur y una fruta para pasar la jornada que inició a las 3:00 p.m. pero que se extendería hasta las 12:00 p.m. con el fin de terminar de vender los 50 velones tanto de $2.000 y $4.000 que le restan. 


Las ganancias que ello les deje están destinadas para las obras de la iglesia de El Guayabo, presidida por el padre Juan García, con más de 30 años de historia en un sector marginal de Itagüí, donde ambos viven. 


Este es el sexto año consecutivo en que Alejandro arriba a esta parroquia de El Poblado, con la cual se comprometen a vender productos distintos, “cosa que no le hagamos competencia a ellos”, y al final de tres días de permitirles trabajar allí le aportan a esta con su respectivo “diezmo”. Hasta ayer aguardaban que la lluvia no afectase sus ventas. 


“Ya empezó la lloviznita, y eso acaba de jodernos el día”, decía por su parte Gildardo Álvarez al caer la noche del Viernes Santo, a un costado de la parroquia del Verbo Divino, en el barrio Conquistadores, a donde terminaban de arrimarse algunos feligreses después de la procesión del santo sepulcro. 


Durante esta, y antes de comenzar la lluvia, Gildardo pronosticaba un mal día para su trabajo al contabilizar unos 50 carros, algunos de ellos con calcomanías del pez de Jesús en sus parachoques, parqueados en la misma zona a la que asiste desde hace alrededor de seis años junto con su hermano y un sobrino, todos arropados por su papá, quien por el mismo acaloramiento al que se veía expuesto y una supuesta artritis tuvo que abandonar el carro de las crispetas y tomar el único oficio que le restaba, y del cual aprendieron sus hijos. 


“Abraham, dame crispetas... Eso dijo el Señor”, le dice Gildardo a manera de charla a su compañero de cuadra que sucedió el negocio de las crispetas. A unos metros se escucha el canto de una multitud “...ven con nosotros a caminar, Santa María ven...”, tal como un año atrás y los que vendrán, mientras la llama a la que se acercan no acaba de extinguirse.




Programación de domingo

Para este domingo de resurrección en la Catedral Metropolitana de Medellín hay previstas misas cada hora desde las 7:00 a.m. hasta las 10:00 a.m. A las 11:30 a.m. se realizará la procesión de resurrección por el parque de Bolívar. Al mediodía está prevista una misa solemne de pascua con la bendición apostólica presidida por el señor arzobispo. En la noche, a las 6 p.m. y 7 p.m. se sucederán las santas misas.