Columnistas

Reconciliación, ¿seremos capaces?
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
1 de Abril de 2015


La Semana Santa o Semana Mayor para el mundo católico está llena de significado y significante, partiendo de lo que para los creyentes es la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Terreno teológico en el que no adentraré, pero, el mensaje central de la vida del Hijo de Dios está en el amor, la penitencia, el perdón y la reconciliación.


Su Santidad Juan Pablo II, escribió en 1984 la exhortación apostólica sobre la penitencia y la reconciliación. Lo motivó a él, la preocupación por las relaciones dadas entre “las personas y los grupos, pero también a nivel de colectividades más amplias: Naciones contra Naciones y bloques de Países enfrentados en una afanosa búsqueda de hegemonía. En la raíz de las rupturas no es difícil individuar conflictos que en lugar de resolverse a través del diálogo, se agudizan en la confrontación y el contraste.” (http://w2.vatican.va)


En ese documento, SS Juan Pablo II, establece que esas posturas se deben al pecado, desde el pecado original, hasta el cometido por cada uno de nosotros, cuando violamos los preceptos de la libertad (libre albedrío). A su vez, profetiza que la reconciliación puede ser un imposible: “Para algunos se trata casi de una utopía que podría convertirse en la palanca ideal para un verdadero cambio de la sociedad; para otros, por el contrario, es objeto de una ardua conquista y, por tanto, la meta a conseguir a través de un serio esfuerzo de reflexión y de acción. En cualquier caso, la aspiración a una reconciliación sincera y durable es, sin duda alguna, un móvil fundamental de nuestra sociedad como reflejo de una incoercible voluntad de paz; y —por paradójico que pueda parecer— lo es tan fuerte cuanto son peligrosos los factores mismos de división.” (ídem)


E igualmente, liga la reconciliación con la penitencia, entendiéndose por esta como: “el cambio profundo de corazón bajo el influjo de la Palabra de Dios y en la perspectiva del Reino. Pero penitencia quiere también decir cambiar la vida en coherencia con el cambio de corazón, y en este sentido el hacer penitencia se completa con el de dar frutos dignos de penitencia…” Queriendo decir con esto que el esfuerzo cotidiano del ser humano debe estar encaminado a actuar bajo la imagen y semejanza de Dios: amor, penitencia, perdón y reconciliación.


En la homilía del Domingo de Ramos, el sacerdote dijo muy acertadamente, palabras más o menos: “La reconciliación en Colombia no podrá ser posible si no somos capaces de despojarnos de la ambición de poder.” Y es esa ambición de poder, la que tiene sumida a la Nación colombiana en la más profunda división; así se logré llegar a un acuerdo en la Habana sobre la transición hacia un país sin actos de terrorismo, no podremos encontrar la paz interna, si los ostentadores del poder y quienes lo tuvieron y no quieren aceptar que ya les pasó el tiempo o los que aspiran ostentarlo no se reconcilian, eso no quiere decir, entregar la voluntad, ni sus ideas, pero si aportar para encontrar una mejor forma de hacer las cosas.


Ojalá que este ideario utópico de la reconciliación se materialice para el bien de todos, máxime que la gallina de los tres huevos y el gallo que los quebró, dicen ser partícipes de la Fe Cristiana. Ser y parecer..., dicen por ahí.