Columnistas

El T鷑el del Toyo pasa por Medell韓
Autor: Guillermo Maya Mu駉z
30 de Marzo de 2015


Colombia es un pa韘 con un gran atraso en infraestructura vial que constituye un problema para la competitividad de la econom韆 con las del resto del mundo.

Colombia ocupa el puesto 88 entre 138 países en el ranking de infraestructura en el reporte 2014 del Foro Económico Mundial, por debajo de Nepal, Ethiopia, Bosnia, etc. 


Entre las carreteras que necesitan, sin duda alguna, Antioquia y el país, es la vía al mar, a Urabá. Desde el 2009, se incluyó en el proyecto de la construcción de las autopistas de la Montaña, ahora llamadas autopistas Mar 1, Túnel de Occidente - San Jerónimo - Santa Fe de Antioquia – Bolombolo; y Mar 2, Cañasgordas - Uramita - Mutatá - El Tigre.


Una de las obras críticos de la ruta hacia Urabá es el túnel del Toyo de 9.8 kilómetros, más 39,3 kilómetros de vías complementarias, cuya construcción se iniciará en 2016. Este proyecto será financiado de la siguiente manera: El departamento de Antioquia aportará 780.000 millones de pesos (mdp), el Municipio de Medellín 520.000 mdp, y la Nación pondrá 582.000 mdp, que saldrán de vigencias futuras del presupuesto, en el caso del Municipio de Medellín, y también de regalías, en el caso del Departamento.


En el caso de Medellín, el concejo de la ciudad aprobó, mediante acuerdo de octubre 22 de 2009, los aportes de “$400.000 millones de pesos, con cargo a las vigencias futuras del presupuesto municipal, entre los años 2011 y 2020, a razón de $40.000 millones por año. El Departamento aportará $600.000 millones y la Nación un billón de pesos”. (Paso a las Autopistas de la Montaña, elmundo.com, 25 de Octubre de 2009). Es decir, los aportes subieron 120.000 mdp para el Municipio, 180.000 mdp para el departamento, y bajaron 418.000 mdp para la Nación.


Esta obra “reducirá el recorrido total entre Medellín y Urabá en más de 55 km. Se posibilita que los tiempos de circulación y la velocidad sean cada vez mejores. Los costos de transporte se reducirán. Otra de las bondades de la obra es el aumento de la velocidad de circulación. En trayectos con recorridos a 30 km/ hora podrá pasarse a 80 km/hora.” (El túnel del Toyo acerca más a Medellín al mar, elcolombiano.com, marzo 18 de 2015).


German Jiménez afirma que “las Autopistas no son de alcance parroquial, sino nacional e internacional, lo confirman tres factores adicionales: en las 8 regiones que de ellas se benefician, reside el 51 por ciento de los colombianos. También se concentra el 27 por ciento de las exportaciones, que en divisas norteamericanas significan 15.568 millones de dólares.


 Y, un dato aún más sorprendente: de todo el universo de sociedades que tiene el país, el 70 por ciento se encuentra establecido en ese territorio ampliado” (La Prosperidad de las Autopistas, elcolombiano.com, abril 22-2012).


Aunque el beneficio de las obras es muy amplio, desde Cali y la zona cafetera, solo Antioquia y Medellín, como entes territoriales diferentes al nacional, contribuirán al financiamiento de la obra, situación que no tendrá repetición en ninguna otra obra en el proyecto de las Autopistas de la Prosperidad (G. Maya, ¿Por qué pagar las Autopistas?, Elmundo.com, Noviembre 5-2009).


¿Por qué los medellinenses tenemos que pagar por unas obras que son de orden nacional? ¿Acaso los directos beneficiados no serán los terratenientes de la zona de Urabá, con la valorización de sus inmensas tierras? Los medellinenses tenemos que pagar por las obras de valorización, que como las de El Poblado llegan a los 500.000 mdp. ¿Qué ha dicho la autoridad municipal a los ciudadanos de Medellín sobre el pago de las obras de valorización? Que es equitativo y justo que paguen los impuestos de valorización porque sus propiedades se valorizan. Sí, eso han argumentado. Entonces, ¿Por qué van a costear a fondo perdido unas obras que redundaran en mayores valores de las tierras en la zona de Urabá, a través de su valorización por cercanía a los mayores centros urbanos del país y a sus mercados?


Una cosa es que la obra se necesite y otra cosa es que los ciudadanos de Medellín terminen pagando medio billón de pesos por ella, aunque nunca vayan a transitar por la misma. La ciudad de Medellín recibe ingresos por los impuestos de sus habitantes y contribuyentes, y de los rendimientos de sus empresas, como EPM por ejemplo, que son el resultado de las inversiones de sus impuestos. EPM no salió de la magia financiera de la tasa de interés compuesta.


Los que tienen grandes extensiones de tierras en Urabá recibirán la plusvalía que crearán las obras financiadas, entre otros, por los contribuyentes de Medellín, y a ello se prestan los concejales y el alcalde de Medellín, la ciudad más inequitativa del país. Los discursos de los políticos y gobernantes regionales, desde el gobernador y el alcalde, están cargados de retórica distributiva, para ganar votos, pero toda la obra de gobierno está dedicada a concentrar aún más los ingresos y la riqueza, dando “regalos” como estos.


En una democracia real no hay impuestos sin representación, y aquí en Colombia quienes se benefician de las obras públicas, especialmente las de infraestructura, son quienes pagan menos impuestos, y quienes están sobrerrepresentados  en la estructura del estado, tanto en el legislativo, como el ejecutivo, y  hasta en las altas cortes.