Columnistas

緾irco a la vista?
Autor: Sergio De La Torre
29 de Marzo de 2015


La historia se vive a veces como tragedia y a veces como comedia.

Dicha sentencia, entre pomposa y ligera, se le atribuye a Marx, pero yo creo que su autor es, o debiera ser, otro pensador germano de su tiempo. Marx, si bien a veces incursionaba en la ironía con apuntes jocosos, en el fondo era demasiado solemne y alemán para tanta sorna como la contenida en esa frase. Mas, abstracción hecha de quién la elaboró, lo cierto es que ella refleja la vida tal como es. O como la miramos, al menos. Pues mientras para algunos tal o cual episodio les ofrece un drama sórdido y punzante, para otros podría ser un divertido espectáculo. Depende del día, y de cómo lo enfoquemos.


Un ejemplo basta para comprobar este aserto, que yo creo retrata nuestra índole y refleja el entorno en que nos movemos: se tiene previsto para el próximo 9 de abril un magno desfile en Bogotá, ideado por el alcalde Petro a favor del proceso de paz. Se anuncia la presencia en él de Diego Armando Maradona, invitado y traído por el burgomaestre y demás promotores, entre los cuales se cuenta la empresa televisiva venezolana Telesur. 


Respecto a lo señalado quisiera acotar algo: no deja de ser Maradona un personaje muy discutido en América, cosa que a él no le disgusta en absoluto. Todos, hasta quienes lo admiraron y lo aprecian todavía, coinciden en que se trata de un megalómano incurable, por cuya conducta, que raya en la insania (y también, desde luego, por motivos de caridad) debiera estar internado en un hospital donde le controlen sus delirios de grandeza, siempre acompañados de arrebatos agresivos que a veces son mero histrionismo y a veces cruda realidad. Sin embargo, lo que preocupa no es tanto eso como que en los últimos lustros, mientras que, debido a la edad y a la drogadicción, se opacaba su imagen en el fútbol y la farándula, se le ocurrió al personaje compensar su deterioro y eclipse ineluctable con la exhibición política. Para lo cual Chávez (tan afín a él en cierto sentido) le dio alas cediéndole el micrófono en cuanta ocasión se presentaba. Y uno no sabía si reír o llorar. El argentino, empinado en la tribuna pugnaba por crecerse, lo cual, obviamente, le resultaba imposible en lo físico. Y en lo metafísico ni hablar: le iba mucho peor, pese a los aires de profeta que asumía imitando los gestos de su anfitrión, replicando su monserga, aunque mal recitada y sin consistencia alguna. Por supuesto la culpa no era suya, pues cómo esperar de un virtual minusválido (o sea de alguien a quien la ley llama “inimputable” para significar que no es responsable de la totalidad de sus dichos y hechos), cómo esperar, digo, de un cuasidescerebrado (lo digo con compasiva objetividad y sin ánimo peyorativo) que razone o hable con algo de coherencia.


Es bien triste constatarlo: Maradona terminó convertido en un clown, que suscita entre el público una mezcla de goce y rechazo. Como aquellos payasos que van perdiendo audiencia porque a ellos también les llega el momento de cruzar el temido “nivel de incompetencia”, a partir del cual, lejos de entretener, aburren. Todo tiene su principio y a ello no escapa el desgaste de un ídolo. Recordemos cuando hace ya tiempo, ayudado por la “mano de Dios”, que era la misma mano de Maradona, Argentina se rapó el gol que le dio la Copa Mundo. Lo grave del suceso no fue tanto eso sino que el mundo entero se lo perdonó y hasta se lo celebró a Dieguito.


A los diálogos de La Habana hay que librarlos de este tipo de “celebridades” que todo lo contaminan de fruslerías y trivialidad. Sabemos además que el país está dividido entre los que comulgan con tales diálogos y los que no. Yo pertenezco a los primeros, pero pienso que el arduo debate que lo acompaña hay que darlo con seriedad y sin recocha. También sin intromisión de personajes de afuera que vengan a tomar partido en lo que no les incumbe, respaldando a unos y censurando a otros, como ya lo ha hecho Maradona en otros casos. Más aún: si Petro cree que la presencia del gaucho en el evento de abril le servirá electoralmente, calcula mal. Si esa participación se da (que es lo más probable a estas horas) quedará un agrio sabor de oportunismo y frivolidad que nadie sabrá agradecer. Y una pregunta final: ¿cuánto vale el certamen y cuánto cobra nuestro héroe por su participación? Fuera del Distrito y Telesur ¿quién más paga?