Columnistas

La paz y los departamentos
Autor: 羖varo Gonz醠ez Uribe
28 de Marzo de 2015


Comparto la idea sobre la relaci髇 directa -aunque no exclusiva- entre centralizaci髇 y conflicto armado.

Con excepción del M-19 que fue una guerrilla urbana, los grupos insurgentes nacieron en zonas rurales alejadas del centro del país y allí es donde históricamente el conflicto ha sido más intenso.


Durante los largos años del conflicto colombiano, son contadas las ocasiones en que este se ha manifestado en Bogotá y en las grandes ciudades. Obvio: conflicto armado es sinónimo de ausencia del Estado. Los lugares donde este no llega o tiene una presencia débil, son ocupados por otros poderes ilegítimos impuestos con la violencia que desarrollan todo tipo de actividades ilegales.


“En Colombia tenemos más territorio que nación y más nación que Estado”, decía Luis Carlos Galán. Colombia nunca ha sido capaz de llenar su territorio con la nacionalidad ni con la institucionalidad. Territorio, nación y Estado son tres elementos que deben coincidir cabalmente en cualquier país que quiera tener paz y desarrollo.


Vastos territorios de Colombia poco conocen un juez, un médico, un policía o un maestro, por mencionar solo cuatro personajes institucionales claves en cualquier comunidad por pequeña que sea.


Aquí es donde cobra realidad el concepto de “paz territorial”. Si la guerra ha sido territorial, especialmente en ciertos lugares situados no propiamente cerca de la Plaza de Bolívar, pues allí es donde debe empezar a construirse la paz y los desarrollos sociales y económicos que esta debe conllevar.


En las regiones más alejadas de los departamentos es donde más víctimas hay, donde existe mayor cantidad de minas antipersonal y donde aún persiste el conflicto más cruento permanente o esporádico. Es allí donde deben comenzar con mayor notoriedad los gestos de paz, donde se debe iniciar el desescalamiento del conflicto y donde primero debe llegar y permanecer el Estado con todas sus instituciones ejerciendo acciones integrales. Esa es la paz territorial que nos dará la paz nacional. Pobre o rico, cada metro cuadrado y cada habitante merecen el mismo trato digno por estar en Colombia y bajo un Estado Social de Derecho.


Esa paz territorial requiere una entidad geográfica que por su naturaleza y competencias aglutina de manera óptima esas zonas, veredas y municipios donde ha imperado la desolación estatal. Esa entidad se llama departamento, con todas las competencias establecidas en la Constitución. En el posconflicto es esencial la llamada función “bisagra” que cumplen los departamentos en el ordenamiento territorial.


Por ello, la institución gobernadores tiene que jugar el papel clave en el posconflicto. Son estos funcionarios quienes tienen las llaves de la paz en esos territorios, quienes más conocen los teatros de guerra y sus problemáticas, quienes más contacto mantienen con sus habitantes.


Ese fortalecimiento significa descentralización, palabra muy manoseada pero poco aplicada. Mientras en Bogotá se legisla, se echan discursos y se pontifica bien y mal, en las regiones se vive el país real, se desangra, se sufre, pero también en esas regiones el país podría sonreír, podría desarrollarse, podría encontrar la paz.


Vigorizar los departamentos es la clave para iniciar y mantener la paz. Ese fortalecimiento puede ser vía constitucional o vía delegación y desconcentración de funciones y recursos por parte del gobierno central. Los departamentos necesitan manos más libres y más recursos para manejar el posconflicto.


¿Cómo? Hoy no es momento de tocar la Constitución, además, la actual permite ese fortalecimiento. La descentralización fiscal, administrativa y política no es fácil, pues implica desprenderse de poder por parte de alguien para dárselo a otros. Y cuidado: ese poder debe descender y no ascender, no debe provenir de los alcaldes sino del gobierno central porque los alcaldes son también claves como jefes de las entidades territoriales básicas: los municipios.


El posconflicto requiere un nuevo departamento.