Columnistas

¡Ustedes no saben con quien se metieron!
Autor: Rubén Darío Barrientos
26 de Marzo de 2015


Sí, ustedes señores notarios, no saben con quien se metieron. Ni más ni menos que con Armando Benedetti, el político barranquillero y senador de la República, que es lo suficientemente lenguaraz y populista.

Con el mismo que estudió comunicación social y prestó sus servicios, en otrora, a Telecaribe, El Tiempo y Q. A. P. Noticias. No con otro diferente al que fue uribista a ultranza (además, ponente de la ley de referendo de la reelección de Álvaro Uribe) y hoy es un alfil de Juan Manuel Santos. Ese que se mueve de un lado para el otro, como pez en el agua. El que ha tenido sonoros rifirrafes, que me acuerde, con Carlos Fernando Galán, Simón Gaviria, Roy Barreras, Samuel Moreno, Paloma Valencia, Augusto Posada, Luis Carlos Restrepo, Aurelio Iragorri y Mauricio Lizcano, amén de haber hecho escandaleras en la defensa del matrimonio gay y el que se ha enfrentado con virulencia hasta con la propia Unidad Nacional.  


Él y Roy Barreras, forman la dupla más hablantinosa de la política colombiana. No olvidemos que una de sus pasiones es alborotar avisperos. Y acaba de hacerlo nuevamente (¿hasta cuándo?), afirmando que hay que acabar con las notarías en Colombia –pues asegura que no sirven para nada–, radicando un proyecto de ley bastante calenturiento dizque porque ellas solo están para hacerle gastar plata a la gente. Propone un sistema que, de acuerdo con la edad y conocimientos, permita que algunos ciudadanos autentiquen documentos y hagan las veces de guardianes de la fe pública. Admito que en materia de notarías, hay muchísimas cosas por corregir, pero me parece que buscar eliminarles es un acto descabellado e irracional.


A mí de las notarías, me sorprenden varias cosas: a) Que el notario sea un particular que presta en forma permanente la función pública notarial, bajo la figura de la descentralización por colaboración; b) Que los notarios no aparezcan clasificados en la rama operativa del poder público; c) Que el notario sea el empleador de sus trabajadores (derecho laboral individual) y no la notaría; d) Que si un trabajador va a demandar laboralmente, señale el nombre del notario como persona natural y no a la notaría; e) Que el notario, como persona natural, pague todos los gastos rutinarios, entre los que se cuentan: alquiler del inmueble, costos fijos de operación, servicios públicos, salarios, cesantía, intereses a la cesantía, primas, vacaciones y seguridad social de los trabajadores; e) Que las notarías sean como entidades fantasmas, dado que no aparecen registradas ante las Cámaras de Comercio y f) Que los notarios no tengan sueldo, ni cesantía, ni prestaciones y que actúen como patronos-dueños del negocio.


Digamos también que eso de ser “guardianes de la fe pública” no es ninguna pera en dulce. Si hay un cargo delicado y comprometedor es el de notario, porque allí se certifican los actos y eso de por sí ya es riesgoso, por cuanto no solo hay empleados venales adentro que pueden comprometer la transparencia sino porque en el día a día, muchos malandrines quieren “meter goles” de diferentes maneras. Lo que parece ser un ejercicio sedentario de firmar y firmar, es una faena bastante temible y seria.


En “cónclaves” de notarios, se han propuesto cosas, como: retiro forzoso a los 70 años, edad para ejercer el cargo de 25 años y subsidio para algunas categorías notariales. Hay muchas cosas por hacer, muchas por reformar y no pocas por legislar. Pero las Notarías no se pueden eliminar de tajo y por arte de birlibirloque como lo pretende el “ñero” Benedetti. No es que los notarios no sirvan para nada. Sirven para mucho. Pero hay que darle un viraje a lo que hay hoy. Así las cosas, resulta menester crear una ley que dimensione condiciones, características, investidura, subordinación y adscripción para los notarios. Qué pereza saber ¡con quien se metieron!