Editorial

Historia y futuro del café colombiano
26 de Marzo de 2015


Los medios que conocieron las recomendaciones que la Misión del Café le entregó el martes al presidente Santos destacaron diez propuestas para fortalecer el sector.

Estas buscan sacarlo del estancamiento en su productividad (que sigue en catorce millones de sacos anuales, como en 1990), impulsar el desarrollo económico y social de los productores cafeteros, y separar la gestión del gremio cafetero de otras funciones que hoy le competen más al Estado y por las cuales en ese momento se justificó la cesión de impuestos que la Nación le hizo hace 85 años.


Conocidos los avances del informe, voceros y analistas reclamaron que los investigadores dirigidos por el economista Juan José Echavarría Soto hubieran “desconocido la historia” del sector. Esta, a grandes rasgos, se sintetiza en hitos: 1928, cuando el naciente gremio recibió la administración de recursos recaudados por la Nación por impuestos por las exportaciones de café. 1958, cuando un aumento desmesurado de precios empujó al acuerdo de cuotas, mecanismo que dio seguridad a los países productores. 1989, la caída del Pacto. Mientras duró el acuerdo de cuotas, los cafeteros y su gremio aprovecharon sus ingresos y los recursos públicos que les sirvieron para un crecimiento endógeno y para formar una fuerte voz gremial que ha tronado contra los gobiernos y analistas que reclaman iguales condiciones para todos los exportadores del campo, o sea la eliminación de subsidios y gabelas especiales. 


El 18 y 19 de junio de 1992, cuando ya se reconocía la irreversibilidad del derrumbe del acuerdo de cuotas de exportación y se empezaba a sentir su impacto sobre la economía cafetera colombiana, el director de EL MUNDO, Guillermo Gaviria Echeverri, publicó los editoriales titulados Café nostrum (1) y (2). Con realismo, como el que hoy muestra la Misión del Café, instó al gremio a adaptarse a los cambios emergentes, en los cuales, así contara con los recursos públicos del Fondo Nacional del Café, era “imposible mantener el nivel de precios y de ingresos reales de los cafeteros colombianos sobre la base de las productividades actuales” y decidir en consecuencia con ese cambio. Los expertos han pedido investigación y transferencia tecnológica para afianzar la productividad de los 560.000 productores cafeteros decididos a frenar el estancamiento de su sector económico y de su calidad de vida.


Hace 23 años, nuestro Director propuso “aumentar la demanda mediante una política de penetración de los mercados nuevos y ampliación de los consumos en los tradicionales”,  destacando que para obtener tal propósito “los cafeteros colombianos no tendrán  más remedio que aumentar su productividad”, lo que obligaría a aumentar la tecnificación de los productores aptos y a acompañar a los que estaban en “áreas marginales (…) en las que los niveles de costo son superiores a los precios que se esperan en el mercado mundial”. Se propuso que mientras estos cafeteros eran acompañados a nuevas actividades productivas, que incluían la promisoria reforestación de zonas con esa vocación, los productores con mayor potencial fueran incentivados a mejorar sus capacidades. Para fortalecer este desarrollo, también se reclamó consolidar un sector que aprovechara la posición y el prestigio del país en los mercados, garantizando “alta productividad y alta calidad, es decir, una posición de fuerza frente al mercado mundial del futuro, con pacto o sin pacto”. Según los resúmenes presentados en los medios, los expertos proponen incrementar hasta en once millones de sacos la producción anual de café colombiano, idea a la que el gerente de la Federación, doctor Luis Genaro Muñoz, respondió excusando al organismo y señalando que la Misión desconoce “la violencia y el deterioro de precios que durante muchísimos años no alentó al productor para invertir en el campo”.


Los editoriales de entonces coinciden también, al menos en sus líneas generales, con la invitación a diferenciar la actividad gremial -responsable de incentivar la investigación, el desarrollo tecnológico y la conquista de los mercados-, de la gestión de ingresos del Fondo Nacional del Café, a los que se reclamaba acudir como fuente de subsidios sólo cuando fuera necesario para “que amortigüe las bruscas variaciones ocasionales del mercado”. Los expertos de ahora piden para la Federación una drástica separación y la eliminación de funciones de Estado como construir infraestructuras y así consolidar su carácter impulsor de actividad productiva. La nueva propuesta ha quedado para una discusión que habrá de librarse de cara al país y, por supuesto, a los cafeteros.