Columnistas

Inaudito
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
22 de Marzo de 2015


Hay cosas que, como dice un amigo mío, hacen hervir la sangre. Y lo hacen por varias razones.

Las Farc salen el pasado miércoles a decir que asumen y lamentan la muerte del soldado Mario Alexander Perdomo por parte del Frente  44, en Mapiripán, departamento del Meta. Y aprovechan para pedir el cese bilateral al fuego para evitar más “victimizaciones”, porque dicen, están en tregua y las están forzando a romperla.


Lo que no dicen es que el soldado fue capturado herido y que fue amarrado y quemado vivo con gasolina; que en esa condición  quiso salvarse intentando apagar las llamas en medio de las burlas de los guerrilleros  que cometieron esta atroz acción, quienes luego lo ejecutaron propinándole  un tiro en la nuca, dejándolo tirado para dificultar la persecución  de las tropas del Ejército Nacional. Así lo denuncian quienes la han hecho pública. 


Las fotos del cadáver que circulan en las redes sociales, autorizadas por la familia del soldado, según informa www.periodismosinfronteras.org (consultado el 19.0315), son de espanto.  Se aprecia tal sevicia, que no existen en español palabras adecuadas para calificar  esta acción.    


El país está acostumbrado al cinismo de esta guerrilla,  por lo que su farsa de asumir la responsabilidad del crimen no asombra sino que produce un visceral rechazo.  Con esta estrategia han venido justificando, cuando no tienen más remedio que hacerlo,  sus crímenes. La idea es decir que lo sienten, pero echarle la culpa al gobierno que supuestamente los combate sin que respete la tregua “unilateral”, como si, de ser eso cierto, ello validara este vil asesinato y tortura;  así como lo han hecho en otras ocasiones, cuando quieren hacer pasar sus delitos atroces por acciones altruistas y/o errores no atribuibles a mala intención.


Lo que sí es inaudito es que el propio comandante  de la Cuarta División haya salido a decir, según los denunciantes, que se trató de un accidente. Quienes han hecho circular las fotografías en las redes sociales, especialmente, la página citada más arriba,  hacen notar que no pudo tratarse de un hecho fortuito, pues la vegetación donde yace el cadáver, no está quemada.  Se trata de un crimen de guerra y de lesa humanidad. Salvo una explicación convincente, más allá de toda duda,  lo dicho por el comandante carece de todo asidero en la realidad y constituiría un salvavidas para la organización terrorista, como parte de la estrategia gubernamental de “humanizar” y lavar la cara criminal de las Farc, con miras a aclimatar la idea de impunidad total, estrategia que estaría siendo avalada por el ministerio de defensa y la alta cúpula.


Afirmo lo anterior,  porque un militar no daría este tipo de declaraciones si no tuviese una orden de sus superiores. Y hasta el momento de escribir este artículo, nadie se ha referido en el Ministerio o en la Presidencia, a este hecho, que, por lo demás, ha pasado inadvertido en los grandes medios, salvo para resaltar las “excusas” de las Farc, sin investigar qué fue lo que realmente ocurrió. Por supuesto, la famosa Oficina de las Naciones  Unidas ha hecho, también, mutis por el foro.   


Para el bien del país y para claridad de los colombianos, sería importante que la Procuraduría  se pronunciara sobre el tema, así como las organizaciones internacionales que han clamado porque no haya impunidad en este proceso. Nuestros soldados no pueden seguir siendo las víctimas olvidadas de los asesinos ni de la conspiración del silencio conque los rodean quienes no tienen ningún interés en lograr un acuerdo de paz que reivindique a quienes sufrieron las atrocidades  sin cuento de aquellos que las perpetraron.