Editorial

Sombrío relevo en la OEA
20 de Marzo de 2015


En las palabras con que agradeció a los miembros de la OEA su elección casi unánime -Guayana se abstuvo- como secretario general del organismo, el uruguayo Luis Almagro sólo mencionó a dos personas:

Su predecesor, como le era obligado, y a Raúl Sendic, fundador de la guerrilla tupamara y uno de los padres del terrorismo urbano en Sudamérica. Así como eludió mencionar la Carta Democrática definida en 2001, se comprometió con la Visión estratégica, acogida en septiembre pasado por la Asamblea General. Todo ello, tras una introducción en la que proclamó que solidaridad, no democracia, será el propósito del liderazgo que debe asumir en mayo próximo.


La calculada referencia a un símbolo del ataque armado a la democracia, los derechos humanos y los valores liberales que unen a la OEA desde su creación en 1948 bajo la guía del expresidente colombiano Alberto Lleras Camargo, es agresiva notificación a los miembros de la Organización que no comulgan con la extrema izquierda y a la VII Cumbre de las Américas convocada para los días 10 y 11 de abril en Panamá. El tono y palabras del que fuera único candidato a la otrora prestigiosa Secretaría General de la OEA, en un escenario caldeado por las sanciones del Gobierno estadounidense a funcionarios chavistas, y sus reacciones, auguran una inevitable confrontación -que en verdad esperamos se dé- entre quienes ven al organismo multilateral como la institución más idónea para defender los principios democráticos en América, y quienes sólo lo ven como legítimo si les presta su solidaridad. 


Un anuncio ¿o presagio? de las sombras que se ciernen sobre la OEA surgió ayer durante la compleja sesión extraordinaria del Consejo Permanente, citada a instancias de Venezuela, para analizar sus relaciones bilaterales con Estados Unidos. El gobierno de Obama, representado por el embajador Michael Fitzpatrick, defendió su “derecho soberano” a usar sus prerrogativas sobre inmigración y acceso a su sistema financiero; demandó de la Organización hacer valer la Carta Democrática debatiendo sin presiones los casos de apresamiento de los opositores venezolanos en los que se configura violación de las libertades individuales y se confirma la pérdida de independencia de los poderes públicos. La canciller venezolana Delcy Rodríguez precedió el llamamiento con una intervención que aludió a la sensación de amenaza de intervención militar estadounidense que asalta a los funcionarios del Gobierno. 


No exageran quienes ven en la elección del canciller de José Mujica, aupada por el agresivo embajador de Venezuela, Roy Chaderton, amenazas a la continuidad de la OEA como autoridad responsable garante del diálogo intercontinental por el respeto a la democracia, los derechos humanos y las libertades. El chileno José Miguel Insulza, secretario del organismo en los últimos diez años, es protagonista destacado del declive de la Organización, que pasó de los silencios convenientes a acciones francamente contradictorias como las que provocaron choque con la Comisión relatora por la libertad de expresión a raíz de la persecución y acoso de los gobiernos de Nicolás Maduro y Rafael Correa a sus opositores, o la que aprobó la Visión estratégica, que busca tergiversar los principios de la Carta Democrática para orientarlos al cumplimiento de nuevos objetivos intencionados, aunque redactados con tal pulcritud burocrática que es fácil hacerlos pasar desapercibidos entre lectores. 


La falta de liderazgo de Washington y las conveniencias o indiferencias de otros países, propiciaron la elección de Venezuela como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU y ahora han favorecido una candidatura única que dejó en la dirección de la OEA a un correligionario del chavismo. Nuevamente México, Perú, Panamá o Paraguay escogen cómodos silencios que simultáneamente dan pie para que Colombia confirme el timonazo de su política internacional como aliado de Estados Unidos y se “abra al multilateralismo”, como lo describen algunos observadores capitalinos, en lo que a nosotros nos parece más bien como un favorecimiento a las demandas que le hace el gobierno Maduro a cambio de su colaboración (¿en qué sentido?) y como garante de la presencia de las Farc en la mesa de conversaciones de La Habana. Esa gratitud explica el tirón de barbas de la canciller Holguín al Tío Sam, con su notificación de que “nosotros rechazamos las acciones unilaterales, estamos convencidos que las sanciones de un país hacia otro país no llevan a nada de avance para las diferentes situaciones”. ¿Será una encerrona la cumbre de Panamá?