Columnistas

Los desvergonzados
Autor: Hernán Mira
20 de Marzo de 2015


“Los corruptos no sienten vergüenza y tampoco la ley les merece respeto”. Victoria Camps.

El abominable episodio protagonizado por el magistrado Jorge Pretelt, como actor principal en la Corte Constitucional, ha mostrado muy claro ahora el nivel de desvergüenza y la cantidad de desvergonzados que se mueven en el país y a los niveles más altos. Inicialmente aparecieron como implicados Pretelt y el abogado barranquillero Víctor Pacheco, pero en seguida aparecieron en escena el exmagistrado Rodrigo Escobar Gil y, más recientemente, el abogado y gran “superestrella” de los medios, Abelardo de la Espriella, que sí ha puesto un record muy alto y no tan fácil de superar en la desvergüenza.


De la Espriella, como bien se sabe, fue escogido como su abogado defensor por Pretelt, Dios los cría y ellos se juntan, se dice, aunque para el caso seguramente fue el demonio. Para empezar, Abelardo, dijo a  Noticias Uno cuando le preguntaron por una acusación que le hizo el paramilitar alias “El Tuso” Sierra, en declaración judicial en el 2010, de haberles pedido a los paramilitares 4 millones de dólares para sacarles adelante una tutela en la Corte Constitucional que así él cuadraba, respondió  con todo cinismo y desparpajo: “supongamos que es cierto que yo les cobré (ese dinero) si eso fuera así ¿cuál es el problema?” Este sí que es un caradura –“que no tiene vergüenza”, según el Drae- de lo más granado.


Ahí no paran, ni creo que vayan a parar, las exhibiciones, el derroche y alarde de desvergüenza de De la Espriella. A los pocos días sale a decir: “la ética no tiene nada que ver con el derecho”. Hasta bueno que lo haya dicho así de claro, para que sepamos a que atenernos. Algo que seguramente no le importó al magistrado Pretelt al escogerlo como su abogado defensor. Porque si este magistrado que, además, no renuncia a su cargo como debería para paliar mínimamente la maltrecha Corte, acoge a Abelardo como su defensor, muestra con claridad que estas andanzas non sanctas y endemoniadas de este abogado, tampoco han hecho sonrojar mucho a la Corte. “Dime con quien andas y te diré quien eres” dice el sabio refrán.


La nuestra es una sociedad con muchos  desvergonzados, gente que ha perdido la vergüenza, donde si no se llega a una condena judicial, no aparecen los sentimientos de culpa y esto es diluir la moral en el derecho, dice Camps. Como si la ética fuera algo superfluo  y el único límite  entre el bien y el mal fuera la ley. La corrupción es ilegal e inmoral, esto último es lo que pasan por encima muchos, como De la Espriella, Pretelt y tantos otros, y se la juegan a diario para que no los descubran y denuncien penalmente. Como anota Camps: “el corrupto no se avergüenza porque no se identifica con la moral;  tampoco con la ley, de ahí que busque evitarla”.


En los casos de corrupción nadie renuncia, no se avergüenzan de lo hecho, no se confiesan las faltas y todo se deja a un proceso judicial donde, como se sabe y más aquí con una Comisión de Acusaciones (absoluciones) donde el presidente, Julián Bedoya, no es abogado, fácilmente se manipulan u ocultan las pruebas. ¡Ay país, país, país!


CODA. Bienvenida la Comisión Asesora de Paz que se nombró. La paz es de todos los ciudadanos.