Economía

“Condiciones propicias para emitir billetes de 100.000”
18 de Marzo de 2015


En un artículo de análisis publicado en la última edición de UN Periódico, el economista Camilo Coronado defiende el anuncio de la emisión del billete de 100.000 pesos.


Foto: Esneyder Gutiérrez Cardona 

Producir un billete en Colombia le cuesta al Banco de la República y a los contribuyentes entre $53 y $105  aproximadamente, según sea la denominación.

Agencia de Noticias U. N.


Así lo estipula el profesor de la Universidad Nacional Camilo Coronado, quien cree que la entrada en circulación de la nueva denominación es más favorable que la que en su momento experimentó el billete de 50.000 pesos.


En un artículo de análisis publicado en la última edición de UN Periódico (medio de la Universidad Nacional), este profesor del Departamento de Economía argumenta que la controversia generada ante el anuncio de la emisión del billete de 100.000 pesos, a finales del presente año, radica más en los costos que la medida podría representar para el sector financiero, que en los beneficios efectivos para los colombianos en general.


De acuerdo con el profesor Coronado, alguna discusión ha despertado el anuncio por parte del Banco de la República, de poner en circulación el billete de 100.000 pesos. Asobancaria aduce que “resulta ineficiente en la reducción de los costos de transacción y obstaculiza la inclusión financiera”.


Asimismo, según lo señaló este gremio a la revista Dinero, la medida incrementará la ilegalidad, pues “facilita el transporte de dineros ilegales y contribuye a dinamizar la evasión, en la medida en que termina fomentando el uso del efectivo en transacciones de muy alto valor y promueve la informalidad”.


Las razones que expone el Emisor para introducir la nueva denominación se fundamentan en el desempeño y la evolución del volumen de transacciones, en especial las de mayor magnitud, y la demanda de billetes de alta denominación por parte de las propias entidades financieras. Según el gerente general del Banco de la República, José Darío Uribe, “ellos son los que piden de manera creciente los billetes de 50.000 pesos”.


Para el académico, pagar con una tarjeta débito de la cuenta corriente representa normalmente costos para el usuario, como el derivado del impuesto del cuatro por mil y el cobro del banco, denominado cuota de manejo. Ello, sin contar el pago al vendedor por el funcionamiento de un datáfono, más la comisión por la cuenta a la que van los fondos. Claro, ese vendedor deberá gastar parte de los fondos de sus transacciones, de modo que las que están en su cuenta corriente tendrán que pagar cuatro por mil.


El pago con dinero en efectivo no solo es legal, sino que es la función para la que están hechos los billetes y las monedas, e implica menores costos de transacción porque, aún para medianas operaciones, el acompañamiento policial es un derecho gratuito. El vendedor, sin embargo, debe cuidar el manejo de su efectivo en caja, para protegerse o anticiparse a un hecho delictivo.


El docente afirma que mientras más dinero en efectivo y transacciones se hagan por la vía de los billetes, menos depósitos captarán los bancos, que los saben colocar en el mercado de crédito a tasas de colocación elevadas. Ello, descontando los costos de operación y la asignación de costos fijos, brinda una idea del jugoso margen que obtienen las entidades financieras por facilitar su plataforma electrónica o sus cheques para realizar transacciones.


Si disponer de dinero de alta denominación implicara un efecto directo sobre la ilegalidad, habría que retirar de circulación los billetes de 50.000 pesos. La mayor demanda de los bancos por billetes de alta denominación es otro indicador de la necesidad de introducir una nueva. Vale recordar que en el año 2000, la controversia no impidió crear el billete de 50.000 pesos, que hoy mantiene su funcionalidad.


Sin duda, hay un efecto muy positivo en la productividad, en tanto será más fácil realizar un pago, las filas en los establecimientos de comercio pueden ser más fluidas y todo redundaría en un alivio tanto en costos como en bienestar. No hay que olvidar también que disponer de denominaciones más altas facilitará su porte discreto.


De igual forma, el profesor explica que debe quedar claro que los ciudadanos son libres de definir la suma que asignarán a depósitos en sus cuentas a la vista, así como la que portarán o conservarán en sus propias instalaciones, sin que por ello sean responsabilizados de evasión.


Finalmente, enfatiza que las entidades financieras deben entender que hay que competir por el efectivo, que también puede hallar buen recaudo en manos ciudadanas. Su competitividad se puede dar, de un lado, reconociendo una tasa de captación más a atractiva a los ahorradores y clientes en general, y de otro, disminuyendo a la mínima expresión sus cobros o “cuotas de manejo”, sin mencionar los de otros “servicios”, como consulta de saldos, tarjeta débito, cobro por retiros o consignaciones nacionales.