Columnistas

¿Desminado?
Autor: José Alvear Sanin
18 de Marzo de 2015


El artículo de Juan Lozano, “Desminado: ¿Realidad o cortina de humo?”, aparecido el pasado 9 de marzo en El Tiempo, es de obligatoria lectura, por las esperanzas que ha suscitado el presunto acuerdo sobre ese asunto entre Gobierno y Farc.

Al margen del excelente análisis de Lozano voy a permitirme algunas acotaciones: 


Mi primera impresión ante el anuncio de desminado fue de incredulidad porque, al parecer por primera vez en su horrenda historia, las Farc daban un paso positivo hacia la paz, pero pronto me entraron dudas, porque no podía apartar el temor de que el tal acuerdo fuese otro bien calculado distractor para obtener apreciables efectos mediáticos. 


Pocas horas después del anuncio del desminado, en medio de la lánguida concurrencia a una manifestación fletada, apareció por tv un sonriente personaje manifestando su euforia ante ese gran gesto de paz. Se trataba del presidente Santos informándonos que guerrilleros vestidos de civil, con órdenes de detención suspendidas, indicarían dónde encontrar minas para que luego el Ejército las desactivase. Surgen entonces otras preguntas para añadir a las muchas y preocupantes de Juan Lozano: 


Si las minas fueron plantadas por las Farc, ¿por qué ellos mismos no las desactivan?  ¿Por qué razón esa peligrosa tarea debe ser ejecutada por soldados inocentes que pueden volar por los aires o quedar mutilados? ¿Será justo que la guerrilla plante las minas y el Ejército ponga los muertos?


Pues bien, no había terminado de reflexionar sobre lo anterior cuando leí la siguiente precisión del doctor  De La Calle, que copio textualmente, en el sentido de que el acuerdo es “para limpiar algunos territorios rurales de minas terrestres y municiones sin explotar”. 


Esta autorizada declaración indica hasta dónde el “desminado” acordado con las Farc se reduce apenas a otra bomba publicitaria de gran impacto, porque esa guerrilla, que regó esos artefactos por más de medio país (son 688 los municipios afectados), seguramente no ha dejado mapas con exactas coordenadas, como habría, probablemente, hecho apenas un ejército al estilo de la U.S. Army.


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Es denigrante que todo un expresidente de Colombia acabe de amanuense y correveidile, espléndidamente remunerado, capaz de pregonar la “voluntad democrática” de un tirano despreciable. El flamante secretario general de Unasur anda promocionando la idea de que las elecciones para la Asamblea Bolivariana de Venezuela, en septiembre próximo, constituyen el mecanismo adecuado para normalizar la política venezolana, como si alguien pudiera ignorar la forma en que el voto electrónico hace posible el fraude monumental sobre el que se basa y perpetúa la dictadura chavista. 


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La entrevista-video del NY Times con alias Iván Márquez y alias Santrich hay que verla completa, a pesar del horror que despiertan ambos criminales, para darse cuenta de la frialdad y el cinismo de los personajes que pueden pronto empezar a gobernarnos


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Causa tristeza comparar la censura de la dictadura venezolana por parte de USA y Europa con la complicidad de los gobiernos latinoamericanos para que la oposición dialogue en Venezuela hasta que acepte el resultado de las elecciones electrónicas y fraudulentas del próximo septiembre.


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La destoxificación, descontaminación y desmantelamiento de la planta nuclear británica de Sellafield lleva varios años, pero a medida que surgen imprevistos, parece que esa labor ocupará el resto del siglo; y sobre los extracostos, los cálculos varían entre 88 y 218 billones de libras esterlinas.