Columnistas

Nicanor Restrepo
Autor: Jorge Mejía Martinez
18 de Marzo de 2015


Nicanor Restrepo Santamaría fue un hombre de causas. Su trasegar no tuvo fronteras entre lo público y lo privado. En ambos ámbitos dejó su huella de ciudadano honrado, comprometido, visionario.

Cuando la vocación industrial de Medellín colapsó como consecuencia del modelo aperturista de la economía y se empezaron a apagar las chimeneas de grandes empresas textileras, cementeras, siderúrgicas, metalmecánicas, y a reducir los ingresos de miles de trabajadores beneficiarios de los empleos decentes de la gran empresa, para dar paso a una nueva vocación orientada a los servicios y a la informalidad, Nicanor Restrepo tuvo la visión de forjar un gran conglomerado económico capaz de competir en el mercado nacional con emporios como Santodomingo, Ardilla Lulle y Sarmiento Angulo.


Ese vacío producido entre la caída de una vocación que enorgulleció a los paisas y la consolidación de un modelo tercerista, oferente de servicios, fue aprovechado por el narcotráfico para echar raíces en el territorio y convertirse en un opción para muchos jóvenes y adultos que encontraron allí una posibilidad de ingresos como sicarios, informantes, traficantes o lavadores de dinero. Mientras Pablo Escobarse envalentonó hasta declararle la guerra al Estado colombiano desde la provincia, regando su camino con violencia y terror, un puñado de empresarios antioqueños con Nicanor a la cabeza decidió no salir del país en procura de protección a sus vidas y patrimonios. Su respuesta fue crear sociedades productivas y comerciales, fuentes de miles de empleos dignos, con sujeción a códigos éticos propios de una moderna visión de la responsabilidad social empresarial.


Como hombre público Nicanor Restrepo estuvo siempre al servicio de las grandes causas nacionales. En particular la de la paz. Amigo de la solución política y negociada del sesentón conflicto armado colombiano, no escatimó poner su granito de arena desde las comisiones negociadoras o como simple ciudadano fuente de consultas frecuentes desde las cúspides del poder, convencido de las bondades de vivir, trabajar, o lo que sea, pero en paz, reconciliados. En cualquier escenario local o nacional, la presencia de Nicanor Restrepo era garantía de altura y seriedad. 


Como persona, sí que fue ejemplar. Eso de salir jubilado luego de ser la máxima figura del llamado Sindicato Antioqueño para coger una mochila e irse a París a estudiar sociología en aras de orientar su mirada al escrutinio profundo de nuestra compleja realidad socio económica, es lo más encomiable de la vida del hombre cuya desaparición todos lamentamos. Hasta el último día de su vida fue el Presidente del Consejo Superior de la universidad Eafit, hoy entidad educativa modelo de modernización y compromiso con la sociedad que la alberga. En esta última etapa de su vida como empresario retirado, estudiante, analista social y educador, se evidenciala verdadera vocación de Nicanor Restrepo Santamaría por lo que lo vamos a extrañar: Humanista.


PD: respeto por la vida y la integridad de la admirada periodista Ana Cristina Restrepo Jiménez.