Columnistas

El recorrido del p閚dulo
Autor: Pedro Juan Gonz醠ez Carvajal
17 de Marzo de 2015


Por en閟ima vez el gobierno central vuelve a colocar sobre la mesa el espinoso asunto de la venta de su participaci髇 sobre Isag閚, asunto con el cual yo personalmente no estoy de acuerdo.

Por enésima vez el gobierno central vuelve a colocar sobre la mesa el espinoso asunto de la venta de su participación sobre Isagén, asunto con el cual yo personalmente no estoy de acuerdo.


Y no estoy de acuerdo, pues un país que todavía está en mora de definir y de formalizar sus sectores estratégicos en el correcto sentido de la palabra, no puede ir vendiendo los pocos activos productivos asociados a las actividades, que en términos geopolíticos, permitirán que en algún momento del tiempo y de la historia, que el resto del planeta nos quiera, nos necesite o nos tema.


El agua, como insumo fundamental para la vida humana, para el riego, o para la generación de hidroelectricidad, es un recurso fundamental con sus actividades conexas. Ya lo expresaba Leonardo: “El agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza”.


El argumento es que los recursos del orden de los cinco billones de pesos, provenientes de la venta del  57.61% que posee el gobierno en Isagén servirán para apalancar las inversiones proyectadas en infraestructura. Nada más loable, pero como Simón el Bobito, estamos haciendo un hoyo nuevo para trasladar el contenido de otro hoyo.


Privaticemos lo que hay que privatizar, lo que es privatizable, pero no salgamos de aquello que puede servirnos de soporte para jalonar el país, no solamente hoy, sino mañana.


Por eso también es impostergable el cuidado y la restricción para la explotación minera en las zonas de páramos. Colombia cuenta con el 57% de la extensión de páramos del planeta, lo cual nos hace ricos en reservas de agua. Esto tampoco lo podemos malbaratar, disgústele a quien le disguste.


Ni qué decir de los recursos de la biodiversidad, a no ser que se nos ocurra vender al Chocó, al Amazonas y a nuestras ricas tierras de los otrora Territorios Nacionales. 


Protejamos a también a Ecopetrol, a ISA, lo mismo que a nuestras Empresas Públicas de Medellín, verdaderos patrimonios de todos los colombianos y ejemplos contundentes de que sí puede haber una adecuada y eficiente gerencia de lo público.  


Privaticemos aeropuertos, puertos, carreteras y ferrocarriles. ¿Por qué no pensar en negocios de aparcería a gran escala con países como Japón, China e India que tienen y tendrán crecientes problemas para alimentar a su población? Privaticemos las cárceles y aún mejor, incrementemos en miles por ciento la inversión educativa para que no las necesitemos.


Definamos de una vez por todas a qué nos vamos a dedicar y dejemos de creer que somos buenos para todo. Una cosa es poseer enormes potencialidades y otra es saber qué hacer con ellas.


Si al menos nos propusiéramos tener autosuficiencia alimentaria y energética y explotar de manera sostenible nuestros recursos naturales, tendríamos un case inmejorable para poder pensar en una industrialización seria, o en el desarrollo del comercio y los servicios a otro nivel.


Como Cristo en la Cruz, exclamemos: “Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen”. ¿O Sí?