Columnistas

Viento en popa
Autor: Bernardo Trujillo Calle
14 de Marzo de 2015


Así va el proceso de paz: viento en popa. Con los recientes hechos de parte y parte, es decir, del gobierno y de las Farc, se ha hecho irreversible y próxima la firma del Acuerdo.

Así va el proceso de paz: viento en popa. Con los recientes hechos de parte y parte, es decir, del gobierno y de las Farc, se ha hecho irreversible y próxima la firma del Acuerdo. Lo digo porque si se cumple lo que parece ser un común propósito de avanzar en las concesiones mutuas, que es tanto como otorgarse confianza, en menos tiempo del presupuestado seremos testigos del cese al fuego bilateral que es en sí principio y fin de la guerra. Así de simple. Lo cual es digno de celebrarse por ese 72 por ciento de colombianos amigos de la paz que, según Invamer-Gallup, es la percepción última de la opinión pública. Quedaría por allí el 26 por ciento de renegados devotos de la guerra, que se la están jugando a mantener el conflicto con todas sus desgracias.


Las Farc hace ya algunas semanas decretaron un cese unilateral indefinido de sus acciones bélicas. El país los ha mantenido en cuarentena siguiéndoles los pasos por el país y el resultado es positivo. Respetaron lo ofrecido y ese acto de buena voluntad fue correspondido a su vez por el gobierno ordenando suspender por un mes los bombardeos a los campamentos guerrilleros. Esto lo califico como una ingeniosa travesía para acortar camino. Desde luego que este inicial principio de mayor entendimiento va a prorrogarse paulatinamente a medida que la confianza tome cuerpo y tranquilice a las partes. Es natural. 


Mas lo que mejor define el espíritu conciliador que los anima, es el acuerdo de desminado de los más de 600 municipios que perdieron la libertad de movilidad por su territorio debido a las traicioneras minas antipersona que se hayan sembradas por doquier. Con ellas las Farc han cuidado su retaguardia retardando el avance de la tropa oficial cada vez que ha habido enfrentamientos, lo cual no justifica el criminal acto que condena a los moradores a las torturas sicológicas de verse eventualmente mutilados o muertos, amén de inutilizar grandes extensiones de tierra incultivables por efecto de ese sorpresivo enemigo por allí agazapado. Fue un paso largo dado por la guerrilla en demostración de estar actuando de buena fe. Tanto el gobierno como los habitantes todos, han recibido bien este gesto por su valor estratégico y humanitario.


Poco antes, la presencia en La Habana de cinco generales y un almirante, a más de nueve coroneles, todos activos, le inyectaron al proceso una fuerte dosis de ánimo como jamás antes se había dado. Militares y guerrilleros vestidos de civil, cara a cara, para hablar de asuntos técnicos en este último punto de la agenda, produjo una distensión imposible de calibrar. El escenario civilizado de la palabra inteligente dejó a los incrédulos perplejos al cancelarles el discurso recurrente del odio. El rechazo que se suponía existía en las Fuerzas Armadas respecto a cualquier intento de acercamiento con la subversión, era un artificio.


Acore, la organización que reúne a los militares y policías retirados, muy metidos y activos en la problemática de la guerra y la paz, con tendencia a la rebeldía en contra de lo que sucede en La Habana, tendrá que bajarle el tono a la beligerancia en sus periódicas manifestaciones. Tal vez no sea producto de sus propias convicciones, sino el resultado de las constantes lecciones que les prodigan cuentistas seudoacadémicos, que han estado cumpliendo la ingrata misión de envenenar el alma de estos buenos ciudadanos con sus discursos llenos de exageraciones respecto al futuro suyo en caso de firmarse el proceso de paz.


La cascada imparable de auspiciosos signos en favor de la paz, entre los que es preciso hablar de los apoyos internacionales, recibió el inesperado refuerzo de la Comisión de Paz integrada por un selecto grupo de personajes destacados de la vida nacional –académicos, alta economía, civismo, política etc., con lo cual la visión de los asuntos que subyacen en el trascendental suceso que vivimos, se harán más claros y comprensibles. Será su proyección histórica la que sofoque el ruido y los pronósticos del descalabro que se promueve por ahí.


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Mucho barullo contra el borrachito que dijo ser sobrino de Gaviria. No vale la pena. Otros hasta le dicen primo al rey