Columnistas

¿Dueños de la verdad?
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
13 de Marzo de 2015


“La verdad de una idea sería la fiel representación de la esencia en la mente del pensador” Joaquín Vallejo Arbeláez
Uno de los grandes dilemas de la humanidad ha sido determinar ¿qué es la verdad?, ¿cómo valorar la verdad?


“La verdad de una idea sería la fiel representación de la esencia en la mente del pensador” Joaquín Vallejo Arbeláez


Uno de los grandes dilemas de la humanidad ha sido determinar ¿qué es la verdad?, ¿cómo valorar la verdad?, y lo más complicado, poder determinar quién tiene la verdad, máxime ahora en esta encrucijada en la que está Colombia con el proceso de negociación en la Habana, en la cual  prima una única verdad. ¿Cuál? ¿La de la derecha, la de la izquierda, la del medio o la de los indiferentes? Todos y cada uno tienen a su juicio una verdad relativa.


Hay verdades simples, como el resultado de un partido de fútbol, hay verdades que dependen de quién cuente la historia. v.g., para los americanos Bolívar, San Martín, Washington, Hidalgo, son los grandes libertadores; para el otro lado de la historia, son una manada de subversivos. En el campo político esa verdad es mucho más compleja; allí juegan no solo la representación imaginaria de la realidad, sino las emociones y el adoctrinamiento que han recibido la persona y la sociedad. La historia de la violencia partidista la cuentan distinto los conservadores de los liberales y si a esas corrientes del pensamiento se les añade la línea del marxismo-leninismo, el mundo de las ideas se hace un galimatías en el que, según la línea de pensamiento, el sujeto pretende ostentar la verdad.


En la recreación de la verdad, se debe partir que el hombre construye sus propios modelos mentales,  con base en las realidades externas, y a la vez interiorizadas cada segundo vital, incidiendo así en la conformación de los paradigmas mentales, que son inhibidores del cambio. Dialogar y llegar a acuerdos requiere del rompimiento de los paradigmas que cada uno de nosotros tiene sobre la verdad, sin tener que poner en tela de juicio la moral de los interlocutores.


En el país ha hecho carrera que solo hay una forma de conseguir la paz, y es el debilitamiento del enemigo por la fuerza, modelo paradigmático que fracasó. Si eso hubiese servido, hace años la hubiésemos conseguido. En cambio, el diálogo es otra forma de buscar llegar a acuerdos, claro está, que según el modelo ganar-ganar de William Ury, experto en negociación de Harvard, las partes ganan pero también ceden. Y nuestra sociedad debe comprender que tendremos que despojarnos de ciertos privilegios, pero que ganaremos en otros, si se llegase a un acuerdo.


Infortunadamente los líderes de está “Locombia” polarizada cada vez “está castrando” al ser libre pensador, porque lo adoctrinan en su propia y única verdad. Puede que en La Habana se logre el acuerdo, pero la “batalla” de quién es el bueno y quién es el malo seguirá por mucho tiempo, hasta que algún día comprendamos que es imprescindible para que reine el orden social, este se debe sustentar en nuestro propio “instinto ético” colectivo, como lo expresó Joaquín Vallejo Arbeláez en su Estudio sobre la Verdad.


En el próximo artículo trataré de ilustrarle, a usted, amable lector, la otra realidad, la de la justicia en Colombia.