Columnistas

Religión, cultura y desarrollo
Autor: José Hilario López A.
11 de Marzo de 2015


Soy consciente de que opiniones en esta columna pueden llegar a herir la religiosidad de algunos católicos, razón por la cual anticipo mis disculpas y pido comprensión por tratar temas que pienso debemos debatir con la mayor tolerancia.

Soy consciente de que opiniones en esta columna pueden llegar a herir la religiosidad de algunos católicos, razón por la cual anticipo mis disculpas y pido comprensión por tratar temas que pienso debemos debatir con la mayor tolerancia. Trataré también de resaltar aspectos positivos de nuestra formación religiosa, que debemos potenciar para un mayor bienestar material y espiritual, como personas y como comunidad.


América del Norte es protestante y rica y el resto del continente es católico y pobre; con los países  del norte de Europa ocurre lo mismo. Si se consulta la lista de los diez países con mayor ingreso per cápita, los diez con mayor bienestar social, los diez más democráticos y los diez menos corruptos, se concluye que ocho de ellos son protestantes.


Esto tiene que tener una explicación diferente de la disculpa a la que siempre nos acogemos para justificar nuestro atraso por causas ambientales y climáticas asociadas al trópico, donde se encuentran los países subdesarrollados y los más atrasados del planeta. Citemos sólo dos casos para desechar este aparente determinismo climático: los países católicos del cono sur americano tienen las mismas estaciones que los países desarrollados del hemisferio norte, y resalta también el contraste entre la católica Filipinas y la protestante Australia, ambas situadas en la zona templada del hemisferio sur.


Empecemos por la educación. Para posibilitar al pueblo la lectura de la Biblia, la Reforma Protestante de Lutero y Calvino del Siglo XVI  inició una gran campaña de alfabetización y se hicieron traducciones a las lenguas nativas, mientras que en los países católicos solo los clérigos podían tener acceso al Gran Libro, del cual sólo existía la versión en latín. Esto significó que en el Siglo XVIII en Inglaterra y Holanda la alfabetización alcanzaba ya el 70% de la población, mientras que en España y Portugal, los países católicos colonizadores de nuestra América Latina y de Filipinas, este índice no llegaba siquiera al  10%. 


No resisto la tentación de recordar a mi padre, un cristiano libre pensador, cuando nos leía y ponía a discutir pasajes de la Biblia en un ejemplar que le habían regalado unos amigos neozelandeses; ni el bello discurso de Emerson en la despedida de los peregrinos ingleses  cuando zarparon de Ámsterdam, donde se habían tenido que exiliar huyendo de las guerras religiosas en su país de origen, hacia la Nueva Inglaterra: Id a colonizar con trabajo y con amor el nuevo país que Dios os tiene reservado, sin más guerras fratricidas y donde todos puedan prosperar como hermanos (cito de manera libre y de memoria). Este mandamiento, explica por si solo el origen de la democracia en EE.UU, magistralmente descrita en el conocido libro La Democracia en América de Alexis de Tocqueville en 1832 al regreso a su nativa Francia, después de su viaje de estudio a Estados Unidos. 


Aunque con sólo  la educación podríamos explicar el contraste entre las civilizaciones calvinistas y católicas, sigamos con la ciencia. Los países reformados con la lectura la Biblia empezaron a interesarse por el estudio del mundo, de la naturaleza y de las estrellas, inspirados por libros como El Génesis y otros textos sacros. No es de extrañar que en esas naciones comenzaran a surgir los grandes científicos y filósofos de los siglos XVII y XVIII, en paralelo con ciudadanos capaces de tener sus propios criterios, base de conciencias autónomas.


Ética en el trabajo. Mientras que en los países católicos el trabajo era aceptado como un castigo de Dios y los oficios manuales tenían menos prestigio que los intelectuales, en los protestantes todo oficio era digno: ser obrero o artesano era tan meritorio como ser profesional. Para Max Weber  el trabajo, el ahorro y esfuerzo resumen la ética calvinista, para la cual trabajar con excelencia y de forma ética es una forma de honrar al Señor.  


Finalmente está la corrupción, el flagelo de nuestras democracias. En los regímenes protestantes la mentira y los delitos contra el erario público se consideran hechos muy graves, mientas que en los países católicos son tratados apenas como delitos veniales, razón que explica la corrupción que permea la política, la administración y las finanzas públicas y privadas en nuestro medio.  


Entender todo esto de ninguna manera puede llevarnos a aceptar que tenemos que seguir repitiendo nuestros fracasos. Aunque contra la Historia no funciona la rebelión y debemos asumirnos tal como somos, si estamos obligados a revisar críticamente todos nuestros atavismos  culturales, para no seguir condenados a otros “Cien Años de Soledad”.


El Segundo Concilio Vaticano y los nuevos vientos que soplan en la Iglesia Católica con el Papá Francisco, han creado las condiciones propicias para un cambio  cultural y social, que potencialice el sentimiento religioso de nuestros pueblos en aras de la sana convivencia y del mandamiento del perdón, uno de los mayores aportes del Cristianismo a Occidente, en oposición al mundo pagano, donde la venganza era la respuesta a las ofensas. El apoyo de nuestros jerarcas y de la mayor parte del clero católico al proceso de La Habana, ha sido decisivo para avanzar en el camino de la reconciliación nacional, base  de una sociedad incluyente y tolerante.