Columnistas

De ecología, plásticos e incineración
Autor: José Alvear Sanin
11 de Marzo de 2015


Ante los incontables males actuales es terrible observar que la humanidad prefiere agravarlos a corregirlos, a pesar de que nunca antes tuvimos tantas herramientas científicas, técnicas y tecnológicas capaces de asegurar una economía sustentable.

Ante los incontables males actuales es terrible observar que la humanidad prefiere agravarlos a corregirlos, a pesar de que nunca antes tuvimos tantas herramientas científicas, técnicas y tecnológicas capaces de asegurar una economía sustentable. 


La deforestación a escala global es alarmante pero ningún gobierno la detiene. Cada año nos sentimos más horrorizados por la tala en la Amazonia, pero los informes sobre lo que ocurre en nuestra Amazonia y en el Chocó no logran conmover al país, como tampoco conocemos la magnitud del daño que ocasiona la explotación del coltán, ni lo que está pasando con el dragado de los ríos por parte de una minería supeditada a los dictados de las Farc. 


La máxima locura del canal de Nicaragua acabará con los corales del Caribe y trastornará el equilibrio biológico de ambos océanos, agregando más problemas a la contaminación marítima, uno de cuyos peores males es el de la famosa “sopa de plástico”, que crece exponencialmente y ya no se circunscribe al Pacífico Norte sino que empieza a presentarse en otras latitudes.  


Tampoco debemos olvidar cómo la sobrepesca amenaza la supervivencia tanto de los peces suculentos como de los demás, capturados al mismo tiempo por las inmensas redes industriales antes de volverlos muertos al mar. 


Después del monumental derrame de petróleo en el Golfo de México se siguen desarrollando proyectos de extracción desde profundidades hasta de 8 y 10 kilómetros, incrementando al máximo los riesgos. Olvidando Fukushima se da comienzo a la construcción de nuevas plantas atómicas en Gran Bretaña, India, Argentina (con gerencia gaucha y tecnología china), Irán…sin mayor preocupación por la disposición segura y por siglos de los desechos radioactivos.


Con el telón de fondo del calentamiento global prosigue el animado baile de la tala, la sobrepesca, la contaminación y la aceptación de riesgos energéticos, al cual asisten como espectadores las multitudes desempleadas y famélicas, cansadas de esperar empleo, educación y alimentación.


En realidad, la humanidad es feliz con lo grandioso, lo desmesurado y suntuario, empezando por los más desaforados gastos militares, tan populares en todos los países. Los gobiernos viven fascinados por lo faraónico y despreocupados de lo social, sanitario y ecológico. Por eso se proyectan en Europa y los Estados Unidos los despilfarros más increíbles en trenes de alta velocidad, mientras en el Tercer Mundo se construyen Metros minúsculos de costo astronómico, y en Medellín, para no quedarnos atrás, desdeñando lo prioritario y en vez de hacer parques razonables en terrenos municipales, vamos a esfumar millones en subterráneos y jardines colgantes de Babilonia.


El Brasil de Lula y Dilma, sobresaliente en corrupción, sale de un Mundial de Fútbol tan costoso como inútil para entrar en unos Juegos Olímpicos todavía peores. 


En cambio, casi nadie se ocupa de las prioridades. La primera, la masiva creación de empleo, podría lograrse invirtiendo los presupuestos. Si la recuperación del hábitat humano (reforestación, depuración de las aguas, limitación de la desertización, habitación digna, incineración de basuras) dispusiera de los recursos para la guerra, y si a ésta la limitaran con las magras partidas actuales destinadas al ambiente, la humanidad podría esperar un futuro menos sombrío. 


La disposición de las basuras es uno de los mayores problemas actuales. Vale la pena este aparte de Fabian Schmidt: 


“Lo único que realmente ayudaría es una sistemática y eficaz recolección y eliminación de la basura. Y para ello son necesarias modernas plantas de incineración. Junto con el reciclaje, son la única forma limpia, ecológica y económica de desecharla. Además, aparte de la contaminación de los mares, también solucionan otros problemas (...) Cuando la basura es incinerada profesionalmente, casi no se producen gases venenosos. Una planta moderna de incineración puede eliminar más de medio millón de toneladas de desechos al año y emite menos dioxinas altamente venenosas y furano que un solo barril de los que se usan para quemar basura en casa. Asimismo, solo a través de la incineración se puede impedir que los venenos contaminen las aguas subterráneas, como muchas veces sucede en los vertederos de basura. No obstante, si los países industrializados, en los que ya se protege el medio ambiente de forma ejemplar, prohíben o limitan el uso de bolsas de plástico, no será más que política simbólica”. (http://www.dw.de/opinion-plastic-bag-bans-wont-save-the-environment/a-18290843)


Pero en Medellín estamos pensando en “cosas importantes…”