Columnistas

Periodistas que mueren día a día
Autor: Iván Guzmán López
10 de Marzo de 2015


Cómo entristece reportar que en Colombia, día a día, se continúa asesinando a periodistas. Ocurre con tanta frecuencia, con tanta facilidad y con tanta impunidad, que cuesta creer que estamos en un país verdaderamente democrático.

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Cómo entristece reportar que en Colombia, día a día, se continúa asesinando a  periodistas. Ocurre con tanta frecuencia, con tanta facilidad y con tanta impunidad, que cuesta creer que estamos en un país verdaderamente democrático, con “la democracia más perfecta de América”, según presumen algunos gobernantes;  en un Estado de Derecho, como se lee en la Constitución del 91, y en un país en proceso de paz, según el Gobierno y la subversión. Yo no sé si los barcos que vienen de La Habana, cargados de “buenas noticias”, regresan llevando lo que realmente ocurre en Colombia; porque, de espaldas a la realidad, es muy difícil construir paz. 


Hace poco, en el pasado mes de febrero, celebramos con justificada alegría ¡cómo no!, el día del periodista. Ese día, no obstante el júbilo de la celebración, recordamos a los periodistas caídos y nuestras autoridades escucharon, en todos los discursos pronunciados por los presidentes de las distintas agremiaciones, las cifras vergonzosas y escalofriantes de periodistas, reporteros, camarógrafos  y comunicadores sociales asesinados, el 98% de ellos, en la más absoluta impunidad. Hoy, con la calentura de la celebración todavía fresca, debemos dar cuenta del asesinato del periodista Édgar Quintero, ocurrido el pasado 2 de marzo de este año, quien desde hacía más de 20 años trabajaba en la emisora Radio Luna, de Palmira. Según testigos, entre las 6:30 de la tarde y la 7:00 de la noche, un sicario que se movilizaba en motocicleta entró al establecimiento comercial donde se encontraba y disparó alrededor de siete veces contra él. El periodista  era el director del programa Noticias y algo más, en Radio Luna. El colega, de 57 años, llevaba unos 30 ejerciendo el periodismo en Palmira y venía denunciando irregularidades administrativas, por lo cual ya había sido amenazado.


Tan sólo quince días antes habíamos reportado la noticia del asesinato de Luis Peralta Cuéllar, que ya había recibido amenazas y sufrido un atentando en el 2010. “Peralta, de 63 años, y que trabajaba en la emisora Linda Stereo, filial de Caracol Radio, fue asesinado cerca a su casa, situada en el municipio de El Doncello, en el norte de Caquetá. Según informaciones, “fue asesinado de cinco balazos cuando se encontraba con su esposa, quien resultó herida. Amigos y familiares aseguran que la muerte de Peralta tiene que ver con las denuncias que hacia a través de Linda Stéreo, emisora que era de su propiedad, por presuntos hechos de corrupción en el municipio”. 


Mientras esto ocurre, los organismos internacionales resaltan ante el mundo la precaria libertad de prensa que en realidad existe en Colombia, aunque haya sido pactada en los diferentes TLC firmados con Estados Unidos y decenas de países, mostrándonos como los campeones de la impunidad. Reporteros Sin Fronteras, por citar sólo uno, denuncia que: “Los países más peligrosos para ejercer el periodismo, en los últimos años, son México, Colombia, Brasil y Honduras, donde han muerto 202 periodistas por cuestiones relacionadas con su profesión. Desde el año 2000, en estos cuatro países se han registrado 202 casos de asesinato de periodistas, blogueros, comunicadores sociales y colaboradores de los medios de comunicación. Y estima que “esos crímenes  estuvieron relacionados con la profesión de las víctimas, pues en la mayoría de los casos no se estableció con precisión el móvil y con frecuencia las investigaciones -cuando las hay- son ocultadas por autoridades corruptas. En México, que encabeza la lista, han asesinado a 81 periodistas entre enero del 2000 y septiembre del 2014. Sigue Colombia, con 56 casos; Brasil, con 38 y Honduras, con 27. En este último país, dice RSF, los homicidios contra reporteros se dispararon tras el golpe de Estado del 28 de enero del 2009”. Concluye, en un informe internacional, que, “muchos de estos periodistas fueron víctimas de su afán de denunciar las violaciones a los derechos humanos, el crimen organizado y la corrupción” y cierra diciendo, que: “Casi todos estos crímenes permanecen impunes hasta la fecha, debido a la falta de voluntad política y de un sistema judicial eficaz”, en los respectivos países.


Puntada final: luego de aprobado el POT y el proyecto 300 (mediante el cual un grupo de concejales entregó superpoderes al alcalde y prácticamente renunció a su deber constitucional y al mandato de quienes los eligieron, de ejercer el debido control político), se cumpla la prometida intervención del Centro, ahora más asolado, desprotegido y abandonado que nunca.