Columnistas

La verdad como víctima
Autor: Jorge Mejía Martinez
4 de Marzo de 2015


Se acaba de cumplir una década del asesinato de ocho personas, entre ellas tres niños, en el corregimiento San José de Apartadó en Urabá.

@jorgemejiama


Se acaba de cumplir una década del asesinato de ocho personas, entre ellas tres niños, en el corregimiento San José de Apartadó en Urabá. La masacre fue brutal. Hoy se conoce la historia de lo ocurrido: paramilitares al mando de don Berna con el apoyo de militares de la Brigada 17, ya condenados por la justicia, fueron los responsables. La versión oficial desde la Presidencia de la República y los altos mandos militares, horas después de lo ocurrido, fue otra: los ejecutores de la masacre fueron los miembros de las Farc. Como Secretario de Gobierno de Antioquia en esa época repliqué la información. No había otra versión oficial para calmar la sed de la radio, la prensa y la televisión. 


Nos fuimos para Apartadó en un gesto de solidaridad y acompañamiento de la Gobernación de Antioquia con la comunidad y las autoridades de la región. Hicimos presencia en el corregimiento con la intensión de realizar inversión social en el sector e intentar mitigar en algo el dolor de los pobladores. Inútil. El territorio estaba desocupado dado que la población se refugió arriba en la montaña, en condiciones deplorables, con tal de no tener contacto con los representantes de la institucionalidad; la escuela dejó de funcionar, el puesto de salud también, calles vacías, solo permanecía disponible una que otra tienda para calmar el hambre o la sed de los aturdidos visitantes. Creímos que esa postura de huir por parte de los moradores era obtusa e irracional, convencidos como estábamos de que la guerrilla era la única causante de la tragedia. 


Después, cuando afloró la verdad, sentí pena propia y ajena ante la magnitud de la dignidad de los miembros de la Comunidad de Paz de San José de Apartado y la utilización que se hace desde las cumbres del Estado de la red de funcionarios públicos para divulgar mensajes con marcado interés político a costa de la verdad y el dolor de las víctimas. Por algo se dice que en una guerra o confrontación armada la primera víctima es la verdad, frase repetida desde Esquilo el dramaturgo griego del año 525 A.C. Lo observamos hoy alrededor de las negociaciones de La Habana: cada quien acomoda su verdad a la verdad. Con tal de ganar un adherente o sostener al incondicional. Por ello no extraña que muchos de quienes se oponen al intento de avanzar hacia la paz con el desmonte del sesentón conflicto con las Farc a partir del grito contra la impunidad, lo hagan más por cálculos electorales que por apego a la verdad. 


Los temas de violencia e inseguridad son altamente mediáticos. Así como la gente exige resultados inmediatos, nada de planes a mediano o largo plazo, valora la primera versión de las autoridades sobre el hecho delincuencial de turno. Esa primera versión oficial, se asume como la verdad. No es aceptable que un servidor público salga a la palestra pública a través de un micrófono o de un titular para reconocer que nada sabe, que no hay nada para contar. Algo tiene que decir. Y esa inmediatez es aprovechada por los interesados dueños de la información para mostrar poder. Eso me ocurrió con ocasión de la masacre hace diez años en San José de Apartado; no fue la única vez. Disculpas pido a esa comunidad.