Columnistas

Los nuevos faraones
Autor: Tomás Castrillón Oberndorfer
4 de Marzo de 2015


Se reconoce, universalmente, que una de las civilizaciones más importantes de la antigüedad, fue la civilización Egipcia.

tomascastrillon@hotmail.com


Se reconoce, universalmente, que una de las civilizaciones más importantes de la antigüedad, fue la civilización Egipcia. A través de muchos siglos pasando del Período Arcaico yendo hasta el Período Helenístico y gobernados por Faraones en  21 dinastías, dejando para la posteridad una gran cantidad de grandiosos monumentos y templos, descritos como obras “faraónicas”, calificativo utilizado también para obras suntuosas que buscan perpetuar la memoria de algún gobernante. Los procesos constructivos que utilizaron  han sido objeto de muchos estudios, y de algunos no se tiene la certeza total. Se destacan además de las famosas Pirámides y la Esfinge, y construcciones como los templos de Luxor, Karnak, Tutankamon  y el de Ramsés II. Una definición muy simple de Faraón es entonces, que era el Rey del Antiguo Egipto. Se les consideraba como “seres casi divinos” y “normalmente no eran deificados en vida”, pero era tras su muerte cuando se fusionaban con el dios Osiris. Los monumentos que dejaron tuvieron muchos significados tanto desde el punto de vista político como el religioso. Las descripciones de cada faraón abarcan una gran cantidad de calificativos: “a lo largo de 3000 años de civilización no es extraño encontrar todo tipo de reyes en el trono: grandes conquistadores, vagos, incapaces, megalómanos y egoístas, déspotas y tiranos, bondadosos y honestos, niños y ancianos, avariciosos y mujeriegos”. Diría Marañas: De todo como en botica. Después de esta muy breve introducción vale la pena reflexionar sobre la actualidad que estamos viviendo.


Respecto a las construcciones que dejaron, para actualizar una primera  reflexión: hay que reconocer que si los procesos que se están empleando en Colombia, para efectuar muchas de las obras de infraestructura, como los Túneles de la Línea y de Oriente, lo mismo que dobles calzadas como Ancón Primavera, hubiesen sido utilizados por los egipcios,  ahora estarían terminando la construcción de las Pirámides. Los plazos incumplidos sirven, entonces,  para revisar la definición de eternidad.


Asimismo, en Colombia muchos gobernantes son muy dados a exagerar la magnitud de las obras y a cualquier desarrollo normal se le denomina “mega obra” cuando al mirar lo que se está desarrollando en otras partes del mundo serían más bien “mini-obras” o peor aún “nano-obras”. 


Las últimas administraciones locales se han caracterizado por tener entre sus pretensiones, el dejar una “mega-obra”, bien sea por su relativa espectacularidad o por la “innovación” que representa. Un alcalde dejó como legado las pirámides de la Avenida Oriental, lástima que le quedaron muy pequeñas y que no van perdurar “los cuarenta siglos” mencionados, respecto a las Pirámides, por Napoleón. A otro alcalde le dio por construir un Mirador cercano a los cerros tutelares, que, es claro, constituyen los mejores miradores naturales.


Así surgieron los puentes de la 4 sur y el de la Madre Laura y más recientemente está el “innovador”, aunque la idea  fue importada e impuesta de otras latitudes, Parque del Río, bien denominado como una obra soterrada, que equivale a enterrada, porque se van a enterrar muchos miles de millones. Y, claro, los concejales “prepago”, como han sido bien definidos por un columnista, en lugar de “mermelados”, le firmaron un “cheque en blanco” al señor Alcalde. Curiosamente el número 300 del acuerdo de marras es 10 veces el número 30, que fueron las monedas con que le “prepagaron” a Judas. “¡El que entendió, entendió!”. Se confirma que cada Alcalde o mejor, cada “Nuevo mini Faraón”, “manda su año”. Y la politiquería Ama-santista se pasea rampante por el Departamento.