Columnistas

Recordando los 60 años de la TV
Autor: Mariluz Uribe
2 de Marzo de 2015


Estoy feliz viendo viejos programas de la Televisora Nacional que claro, ¡no había visto! Empecé a trabajar en ella desde que comenzó pasando desfiles de modas.

Estoy feliz viendo viejos programas de la Televisora Nacional que claro, ¡no había visto!  Empecé a trabajar en ella desde que comenzó pasando desfiles de modas. Pero sucedió que un gran amigo,  el periodista Eduardo Camargo, me  llamó y me dijo: “La gente va a creer que usted es boba y como yo sé que no lo es, venga a trabajar conmigo en mi Noticiero de mediodía”.  “Listo, Eduardo, que responsabilidad,  pero claro que sí, muchas gracias, ojalá mi marido no se desmaye ni mis hijos no se sientan muy solos ¡Es un desafío, lo haré!”


Había que estar al día, se trataba de “una columna de opinión” en un telediario a las 12 en punto. Salía volando desde mi calle 74  hasta la 24, Biblioteca Nacional, donde quedaban los estudios de la Televisora Nacional. A fin de mes, cola para que nos pagaran por allá en la 12 junto a Palacio. Por supuesto no había “telepronter” para leer lo que uno estaba diciendo ¡sino que había que saberse de memoria todo! Y si había diálogo con un compañero y alguno de los dos se equivocaba había que inventar enseguida una respuesta perfecta para que las cosas siguieran como si nada. Nos escapamos de que nos metieran objetos entre las orejas, de que microfonitos nos amenazaran la cara, eso sí había a veces unos pegados al escote. Por suerte no estaba de moda lo de que sin implantes no había paraíso. Porque paraísos era lo que había.


De pronto se filmaba. Pero no he visto aparecer por ej. a Eduardo Camargo con nosotros sus compañeros del Meridiano. Ni a  Bernardo Romero Lozano ni a Anuncia de Romero que nos enseñaron tantas cosas,  con todo lo que a teatro se refería. No he visto nada de Saúl García y sus programas incluyendo el de la Olla, donde veo que lo dejaron. Poco han presentado a Gloria Valencia aunque ella llena con valor, inteligencia y creatividad atravesó todas las épocas.  No he visto a Graciela Espeche, ni me he visto en “De todo un poco” de las tardes de los viernes.  ¡No he visto a Bernardo Hoyos que hasta hace poco nos mostraba las mejores películas con sutiles comentarios y varias entrevistas! No han ni mencionado al gran director Hernán Villa.


 Tampoco he visto grabación de cómo nos reuníamos al terminar los programas en el Café de la 7ª con 24, donde estaba siempre el primer hippie colombiano, el inteligente Manuel Vicente Peña Gómez. Cuya vida y muerte fueron novelescas, ojalá la gente pudiera tener acceso a sus escritos. Casi que previsivos de la Colombia que somos hoy. Busquen en las Bibliotecas, se sorprenderán. Se recuerda que el padre de nuestro General L.E. Gilibert fue el que trajo  LA POLICÍA de Francia a Colombia,  bajo el Gobierno del General Jorge Holguín.


No olvidaremos  la vez que apareció Herr Vermeeren de la TV alemana y se la pasó filmándonos en los Estudios de Televisión.  Alemania  filmando en Colombia,  en la televisora nacional, en bibliotecas y librerías, aspectos de la cultura entre nosotros. Agradecidos nos sentimos de que no estuvieran filmando las cosas desagradables y violentas que son el motivo principal de nuestros libros, artes y (ahora telenovelas) que nos hacen tan mala propaganda. Creo que secretamente estos extranjeros estaban sorprendidos de que por las calles de Bogotá no silbara la bala... No les tocó.  Pues uno sabe que cuando viaja le preguntan ceji-levantados que si es de ese horrible país, ¿Combolia? Menos mal que ese documental de la televisión alemana que se ocupó de los buenos aspectos de Colombia fue mostrado en el exterior a unos veinticinco millones de personas, según el plan del director Vermeeren. Tal vez fuera él una persona de cortesía extrema pero en todo caso se mostró muy encantado con nuestro programa de Telemundo y dijo textualmente “Ojalá en Alemania se pudiera hacer una cosa semejante”.


*Psicóloga PUJ y Filóloga U de A