Columnistas

Volvimos a creer en la U de A.
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
27 de Febrero de 2015


La Alma Máter de los antioqueños, es y seguirá siendo por mucho tiempo el “templo sagrado de la academia antioqueña”.

La Alma Máter de los antioqueños, es y seguirá siendo por mucho tiempo el “templo sagrado de la academia antioqueña”. Desde que aquellos visionarios que la fundaron hace cerca de 77.380 días, la Universidad de Antioquia ha tenido que enfrentar a grandes retos en cada uno de los períodos históricos por los que ha pasado, no solo el departamento, sino la nación en pleno.


Dificultades de inestabilidad  vividas, propias de la dinámica del siglo XIX, la guerra de independencia y las guerras civiles que surcaron el territorio nacional en el período de la “postpatria boba”, desde 1819 a 1903, con la terminación de la Guerra de los Mil Días, en la que el sueño de Bolívar de bajar tranquilo al sepulcro si los partidos políticos se consolidaban, llenaron de sangre y odios políticos (o tal vez politiqueros) los rincones de Colombia, siglo que embolató el avance académico y científico de nuestra sociedad. La U de A toma forma, y en 1856 logra estabilizar la academia con las diferentes escuelas que la conformaban. 


Los años aciagos del siglo XX, aquellos de finales de la década de 1960, tal vez, porque los estudiantes se sentían identificados con los movimientos estudiantiles europeos, en especial la ola de manifestaciones que se generaron después del mayo del 68 en París,  y si a eso se le suma las intenciones de los países de la cortina de hierro, liderados por Rusia, de hacer la revolución anti imperialista yanqui, como había sucedido en Cuba, la explosión de la adrenalina de los estudiantes y docentes estaba en pleno furor. El grito de alerta se escuchaba en las calles céntricas de Medellín, “salieron los estudiantes a tirar piedra” y la gente debía correr hacia sus hogares. 


Los años posteriores fueron bastante difíciles para la institucionalidad de la Universidad, la masa enojada de estudiantes “atentaba” contra el desarrollo de la universidad pública en general. Estas se mantenían más cerradas que abierta, los estudiantes sabían cuando iniciaban sus estudios pero no cuando los iban a terminar. Esto causó grandes costos económicos y sociales para estas instituciones, y también para la sociedad y las familias.


El siglo XX finalizó con otra dinámica, la Universidad logra mantenerse abierta al servicio de la sociedad, pero los conflictos internos derivados de los mismos problemas de la sociedad colombiana son una piedra en el zapato para los rectores de la época, generando en un conflicto que no tenía ni tiene razón de ser en un campus universitario. 


El siglo XXI trajo consigo grandes retos para la U de A, en la que ya no era solo la academia la que tenía que soportar la dinámica universitaria, sino la investigación y la extensión, como pilares fundamentales del desarrollo universitario. Retos que fueron asumidos en los últimos 12 años por el Dr. Alberto Uribe Correa, quien logró fortalecer la academia, a través de la descentralización en las 9 subregiones del departamento, dinamizar la investigación. Inauguró la Sede de Investigación Universitaria -SIU-, se amplió la oferta de extensión y le dio a ella su propia sede, el Edificio de Extensión y en este campo un modelo de interacción entre la academia, el sector productivo y el estado, el Comité Universidad-Empresa-Estado, que ha sido modelo para el país, cabe también entre otros impactos sociales de mostrar la IPS Universitaria. Con el Dr. Uribe Correa, la Alma Máter cambió de rostro, la sociedad volvió a creer y confiar en ella. 


El gran reto para el nuevo rector, va más allá de la calidad académica, de investigación y extensión, es precisamente lograr mantener la confianza que la sociedad tiene en la Universidad de Antioquia.