Columnistas

Primavera venezolana
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
22 de Febrero de 2015


El alcalde Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, uno de los tres líderes más importantes de la oposición venezolana, junto con Leopoldo López y María Corina Machado, fue violentamente detenido por agentes del servicio bolivariano.

El alcalde  Metropolitano de Caracas, Antonio Ledezma, uno de los tres líderes más importantes de la oposición venezolana, junto con Leopoldo López y María Corina Machado, fue violentamente detenido por agentes del servicio bolivariano de inteligencia, acusado de impulsar un fantasmagórico golpe de estado contra el dictador Maduro (disculpa utilizada para encarcelar a algunos militares), sin que mediara orden de captura alguna, ni siquiera por un juez del cooptado sistema judicial de ese país. Lo que se vio por los noticieros de televisión fue monstruoso: una gavilla de hombres encapuchados y armados hasta los dientes, sacando a empellones al alcalde, símbolo de la resistencia civil de la capital venezolana y de la nación entera, que siempre ha clamado por una salida pacífica a la encrucijada a la que ha llevado a nuestros vecinos el socialismo delirante de las nacionalizaciones a voluntad,  la corrupción de un régimen que ha sido señalado de narcotraficante y la apropiación personal, es decir, el enriquecimiento con el tesoro público, además de despilfarrarlo de los recurso de todos en sus aliados Cuba, Nicaragua, Argentina, etc.


Maduro, Cabello y compañía intentan ahogar por medio de la represión, la odiosa dictadura que le ha quitado a su pueblo hasta los suministros de supervivencia más básicos. Si alguien tenía dudas, basta que recuerde que ya el sátrapa encarceló a Leopoldo López, hace, precisamente, un año; que tenga presente  la orden que dio, tres o cuatro semanas atrás,  a sus fuerzas armadas para que disparen a los manifestante; y, que, a  la hora de escribir este artículo, el día viernes, los medios dieron la noticia de que libraron orden de captura contra Corina Machado, por la misma razón que a Ledezma: participar en un imaginario complot  para dar el supuesto golpe.


Pero como la crisis ya tocó fondo, todas las acciones represivas contra los dirigentes de la oposición sólo producen un mayor rechazo por parte del pueblo venezolano y dispara el apoyo que la comunidad internacional, que ya tuvo que vivir esta semana el matoneo al que fueron sometidos importantes empresarios españoles para que el gobierno ibérico cesara sus críticas a la dictadura por mafiosa y corrupta.


Claro que cuando hablamos de la comunidad internacional, pensamos en condenas como las que ha hecho la ONU, por la detención arbitraria de Leopoldo López; o las denuncias, que acabamos de mencionar, que ha puesto sobre el tapete el gobierno español; o las acerbas críticas que ha realizado HRW frente a la situación de derechos humanos en Venezuela. No nos referimos, para nada, ni al Celac ni a Unasur, organizaciones de bolsillo de algunos países de la comunidad latinoamericana que intentan justificar la tiranía venezolana y las acciones oprobiosas contra sus ciudadanos. De hecho, el señor Samper ha salido a justiciar al gobierno bolivariano en varias ocasiones, y, en esta, por supuesto, como mínimo pasará de agache. Tampoco, del gobierno colombiano que ha hecho un pronunciamiento tibio, en el que se piden garantías para Ledezma, en lugar de  exigir su libertad. En el fondo, Santos debe estar aterrado que ese régimen llegue a su fin porque sería un golpe a sus pretensiones de reivindicar y revivir políticamente a las Farc en La Habana.


De seguir las cosas como van, la dictadura está tocando a su fin. Y como es de esperar, la Primavera venezolana se desarrollará y crecerá a niveles insospechados hasta llegar a un punto de inflexión, que todo parece indicar, está cerca y precipitándose. De hecho, la oposición está pidiéndole la renuncia a Maduro. Esperemos que el régimen, herido de muerte, como está, no anegue de sangre inocente las calles y los campos de la hermana república. Por el momento, está mostrando sus dientes y nuestro deseo es que sólo sea un amague. En cualquier caso, el pueblo venezolano parece estar listo para enfrentar pacífica, pero definitivamente, a la dictadura que los sojuzga. La Carta de las Naciones Unidas garantiza el derecho de los pueblos a resistir la tiranía, por lo que su movimiento tiene toda la legitimidad, desee el punto de vista de las normas internacionales. Ojalá los ciudadanos de ese país puedan culminar con éxito este esfuerzo por recuperar su libertad, su dignidad, su economía, su país. Si la sangre corre, será entera responsabilidad del régimen de Maduro, Cabello y compañía.