Columnistas

¿Qué esperanza?
Autor: Lázaro Tobón Vallejo
20 de Febrero de 2015


Tengo la costumbre de “dañarme” el día en la madrugada oyendo las noticias, hábito que le heredé a mi abuelo, que siempre desayunaba oyendo la radio.

Tengo la costumbre de “dañarme” el día en la madrugada oyendo las noticias, hábito que le heredé a mi abuelo, que siempre desayunaba oyendo la radio, y a la vez “torturo” a mis hijos en la jornada matutina porque les toca soportarse la “radionoticias” antes de partir para el colegio. Pero ese no es el centro del asunto, el tema radica en una simple pregunta que me hizo mi hija: “¿papá por qué siempre dan malas noticias? Una pregunta espontánea que tiene mucho de fondo y que es difícil de responder.


Si nos ceñimos a lo que técnicamente es una noticia, podemos decir que es un relato de un suceso de actualidad, de interés general, destacando hechos novedosos, especiales y atípicos. Al revisar este concepto, los hechos del día a día colombiano no son novedosos, ni especiales, ni atípicos, porque nos acostumbramos o acostumbraron a oír el mismo cuento en diferentes escenarios y personajes. Es decir, en Colombia, lo que realmente es para otras sociedades algo no consuetudinario y que tiene gran impacto colectivo, como casos de corrupción, secuestro, asesinato, robos, las chuzadas, los trinos ofensivos, entre otras variedades de malas noticias, en nuestra querida “locombia”, se convirtió en el día a día, en dónde “ nuestro acontecer sigue siendo la misma perra con distinta guasca” y es por esa misma energía negativa que se transmite por las ondas hertzianas  que la nuevas generaciones le huyen a estar enterados de lo que pasa en Colombia y sus alrededores.


En nuestro país se generan importantes acontecimientos positivos en el día a día con impacto para la sociedad, pero que, desafortunadamente no encuentran gran difusión en los medios masivos de comunicación, aduras penas una pequeña reseña en un rincón del periódico, o en la radio en esas horas en que la única neurona que funciona es para dar la orden de  apagar el despertador y levantarse. Entre más temprano inicia el noticiero, más repiten las noticias negativas y muy poco las positivas. Es como si la intención de los comunicadores consistiese en meter el dedo en la llaga para hacerla más profunda. Esa misma gota que durante décadas nos han ido metiendo en la conciencia, se ha anquilosado en un morbo, de forma tal, que nos ciega la capacidad de ver el otro color de la vida, y no es que se pretenda tapar el sol con un dedo cuando las malas cosas acontecen, pero si, desde los medios de comunicación debería replantearse la manera como están alimentando el alma con los colores negros y grises de una parte de nuestra realidad.


En fin tendré que contestarle a mi hija que desafortunadamente nos enfocamos en expresar lo malo y no reconocer las cosas buenas que suceden en nuestra patria chica y por eso la gran mayoría de las cosas son malas.