Editorial

Gracias, señor gerente
20 de Febrero de 2015


El pasado miércoles el Dr. Ramiro Márquez Ramírez presentó ante la junta directiva del Metro de Medellín, su renuncia a la gerencia, cargo que ocupó durante casi catorce años.

 Ante la decisión, la junta en pleno, en donde confluyen representantes del presidente de la República como delegados especiales y los voceros de la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Medellín como socios, eligió por unanimidad a la Dra. Claudia Patricia Restrepo Montoya, a quien damos la bienvenida en esta nueva responsabilidad, y bajo cuya experiencia y calidades profesionales la empresa pública mejor calificada de Antioquia inicia una nueva etapa, que confiamos será igual de fructífera, mientras el doctor Márquez Ramírez se retira al seno de su familia con la alegría que da el deber cumplido, dejando tras de sí el agradecimiento y la admiración general.


Para la historia queda una gestión cuyos hitos trascendieron la empresa de transporte masivo. Designado el 28 de febrero de 2001, Márquez Ramírez encontró una junta directiva dividida, pues algunos representantes del presidente Andrés Pastrana Arango, con ayuda del Gobierno Departamental que terminó período el 31 de diciembre de 2000, se hicieron eco de la pretensión de los abogados del Consorcio Hispano Alemán para que las diferencias contractuales se discutieran en un tribunal de arbitramento, así este hubiera sido declarado ilegal por las cortes colombianas. El primer gran acierto del gerente Márquez Ramírez fue reconstruir el diálogo en la junta, que tomó por costumbre el consenso en sus decisiones.


El primero de los tres grandes retos que Ramiro Márquez se impuso al llegar a  la gerencia fue, precisamente, el de hacer frente a los litigios jurídicos existentes entre la empresa y el Consorcio Hispano Alemán (CHA), que se remontaban a 1997. Consolidar la defensa jurídica que permitió salvar al Metro del tribunal internacional de arbitramento convocado ilegalmente y admitido por mal consejo del asesor jurídico de la empresa, fue el segundo gran acierto de Márquez, pues le dio a la entidad la fortaleza para llegar, el 10 de septiembre de 2009 y tras más de 20 años de querellas, a un acuerdo final con un consorcio constituido por una poderosa organización multinacional que había intentado poner en jaque, no sólo al Metro, sino al Estado colombiano. El llamado Contrato de Transacción, que en términos coloquiales fue un empate cero a cero entre el Metro y el Consorcio, le dio al país una lección sobre las relaciones del Estado con los contratistas y destrabó las relaciones de la nación con la Unión Europea.


El segundo de los grandes retos del gerente era despejar el mecanismo de pago de la deuda que la ciudad y el departamento tenían con la Nación por la financiación de las obras de construcción y que había quedado en conflicto por la decisión de no cobrar la valorización. La solución del mecanismo firmado en 2004 a instancias del presidente Álvaro Uribe, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, el alcalde Sergio Fajardo y el gobernador Aníbal Gaviria, le regresó estabilidad a las finanzas departamentales y municipales. Los socios del Metro han honrado su palabra y han pagado hasta la fecha 1.200 millones de dólares.


Y el tercero de los grandes retos, el de ampliar la cobertura del servicio, fue alcanzado gracias a la integración de distintos medios y a la consolidación de un modelo de cofinanciación Metro-Alcaldía-Gobierno Nacional que permitió desarrollar las modalidades de cable y tranvía. Con la ampliación en cobertura vino el incremento de usuarios, un escenario radicalmente opuesto al de catorce años atrás, cuando el uso del sistema estaba en picada y la administración de entonces se inventaba excusas tan exóticas como el desempleo para justificar la reducción en el número de viajes urbanos.


Al margen de estos desafíos puntuales, pero como uno de los mayores activos de la empresa, queda una Cultura Metro fortalecida y expandida a los cables, al Metroplús y que es referencia nacional e internacional. Este aspecto seguramente será uno en el que la Dra. Restrepo Montoya más construirá sobre lo construido, para bien no sólo de la empresa sino de la cultura y la sociedad antioqueña. Puede haber debates, sin duda, en asuntos como si la gestión de Márquez Ramírez ayudó más al Metro que a Medellín y a Antioquia; si el Metroplús fue una imposición sin espacio para el diálogo institucional, o si la financiación del tranvía de la 80 debía haber quedado despejada, pero es innegable que la gestión de Ramiro Márquez Ramírez a la cabeza de un gran equipo humano, que le hereda a sus sucesores un plan maestro de desarrollo hasta el 2030, convirtió al Metro en una empresa pública fuerte, confiable, líder, transparente, ajena a escándalos y modelo de lo que debe ser la relación de la sociedad con lo público.