Columnistas

El poder del presidente
Autor: Rafael Bravo
20 de Febrero de 2015


A propósito de la celebración del Día de los Presidentes, un feriado que se toma muy en serio en los Estados Unidos,

A propósito de la celebración del Día de los Presidentes, un feriado que se toma muy en serio en los Estados Unidos, aparece la discusión sobre el poder y alcance de las decisiones del Ejecutivo pues todo lo que suceda, bueno o malo, va ligado a las habilidades, fortalezas y debilidades de quien está al mando de la nación. La figura presidencial es sinónimo de mando, dominio y autoridad. Sin embargo, en el sistema democrático norteamericano, como en otras latitudes, se establecen ramas que actúan como control para garantizar los derechos y obligaciones constitucionales.El sistema judicial vela por el cumplimiento de las leyes, mientras el legislativo ejerce lo que se denomina como ‘’check and balances’’.


Los presidentes no logran llevar a cabo sus ideas si detrás no hay un apoyo partidista con una agenda legislativa afín a su plataforma de gobierno.  El Senado y la Cámara de Representantes ejercen una enorme influencia en las decisiones del ejecutivo. Paquetes legislativos de enorme significado como el New Deal bajo Frankiln D Roosevelt implantando medidas económicas diseñadas para aliviar los efectos de la Depresión del 29 y la Gran Sociedad del presidente Lyndon Johnson, un ambicioso programa para combatir la pobreza y el respeto de los derechos civiles, son la muestra más clara de liderazgo presidencial efectivo.


Barack Obama llegó al poder con un amplio respaldo en un momento histórico crítico para los Estados Unidos. Con una mayoría en ambas cámaras, sus copartidarios hicieron posible leyes trascendentales en salud, reforma al sistema financiero causante de la crisis y un paquete de estímulos económicos que probaron ser definitivos para la reactivación. Para infortunio de Obama, su elección ha llevado a una oposición irracional hasta el punto de una parálisis legislativa en varias iniciativas claves para lo que resta de su mandato.


Asimismo, la política exterior de los Estados Unidos bajo la doctrina de Obama está en juego por los recientes acontecimientos protagonizados por grupos extremistas: AL Qaeda, Isis y Boko Haram  que buscan expandir su influencia en sitios donde los norteamericanos han hecho presencia militar, además de buscar su ingreso al país mediante atentados terroristas a la infraestructura y sus habitantes. El presidente ha dejado claro que no puede seguir siendo el garante de la paz mundial, siendo necesario contar con la participación de los aliados.


En consecuencia, la política de seguridad nacional funciona en un complejo entramado de intereses en el que el aparato militar, los contratistas que sirven al Pentágono y los burócratas juegan un papel muy importante creando limitaciones en lo que el presidente puede hacer. Obama no la tiene fácil en un congreso dominado por los republicanos que ven la necesidad de volver a las épocas de Bush con acciones unilaterales a un costo imposible de asumir por la realidad fiscal de los Estados Unidos.


Finalmente, las acciones emprendidas por el presidente en materia migratoria protegiendo de la deportación a varios millones de indocumentados, encuentra el primer obstáculo con la decisión de un juez republicano suspendiendo cualquier intento por sacar de las sombras a tantos que están por fuera de la legalidad pero cuya presencia es inevitable pues expulsarlos es casi un imposible.


A los presidentes entonces hay que juzgarlos por su capacidad de liderazgo y disuasión pensando que sus decisiones no dependen de sí mismos sino de los factores que afectan su proceso de gobernar.