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Autor: Jorge Alberto Velásquez Betancur
19 de Febrero de 2015


No siempre es válido decir que todo tiempo pasado fue mejor. Esto no es cierto, por ejemplo, en asuntos de salud y en satisfacción de necesidades básicas insatisfechas.

No siempre es válido decir que todo tiempo pasado fue mejor.  Esto no es cierto, por ejemplo, en asuntos de salud y en satisfacción de necesidades básicas insatisfechas. Tampoco en lo que se refiere a la vida democrática y al ejercicio de la ciudadanía, porque ahora hay un mayor interés de los ciudadanos por participar en la gestión y/o control de lo público mientras paralelamente crece la desconfianza hacia la política y los políticos.


Tradicionalmente se define la política como la búsqueda y mantenimiento del poder.  Bernard Crick habla hoy de la política como un ejercicio de comunicación permanente: dejar hablar con libertad y saber escuchar. “El sistema político de gobierno consiste en escuchar (subrayado propio) a esos otros grupos a fin de conciliarlos en la medida de lo posible y en ofrecerles categoría legal, protección y medios de expresión claros y razonablemente seguros, todo lo cual debe permitir que esos otros grupos puedan hablar y hablen con libertad” (Crick, 2001:19).  


La política y la democracia buscan una nueva definición. Según Crick, la política se mueve más por la capacidad de análisis y solución de los problemas de la vida diaria de comunidades concretas que por los grandes temas, generalmente abstractos y lejanos para la gente: “Dada nuestra condición humana, la política no nos permite ir en pos de un ideal absoluto, como predicó Platón con seductora determinación”, advierte Crick (2001:15)


Entender la política en este contexto de participación activa de la comunidad, de estímulos a la deliberación democrática y de actitud para escuchar a los demás, cambia el concepto de los liderazgos. A la política tradicional corresponde el liderazgo carismático, basado en las cualidades de un individuo que logra la adhesión de la comunidad mediante el populismo o la demagogia. El líder mesiánico, que todo lo sabe y todo lo puede, al estilo de los soberanos del viejo régimen, acostumbrado a que solo se puede hacer su santa voluntad, no tiene espacio en la democracia deliberativa que hoy se reclama, basada en el diálogo, la búsqueda de acuerdos, el consenso y el respeto por el disenso. Cuando el poder escucha a la gente cobra vigencia la tesis del filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679), para quien la legitimidad necesita del consentimiento (principio de libertad individual) y del consenso (voluntad popular). Un gobierno legítimo se sostiene en el consenso.


Ni el Estado colombiano ni sus instituciones ni los políticos tradicionales saben escuchar. No están preparados para ello, así la Constitución de 1991 hable de democracia participativa. Colombia es el reino del autoritarismo y de los abusos de poder. Por eso la democracia no florece en estas tierras áridas para la participación ciudadana. El poder solo se escucha a sí mismo y tiene devoción por el eco de sus palabras, gastadas de tanto repetirse en vano. 


El autismo institucional tiene consecuencias palpables en la vida cotidiana: la perpetuación de la violencia política, es un ejemplo repetido en el tiempo. El asesinato de los cuatro niños, habitantes de la vereda El Cóndor, de Florencia, Caquetá, evidencia uno de los graves problemas de la justicia en Colombia: la poca atención que se pone a las denuncias de los ciudadanos. Esa es la consecuencia de un Estado prepotente que no escucha a la gente humilde de este país. Si desde diciembre se había comunicado a las autoridades la situación de vulnerabilidad de esta familia amenazada, ¿por qué estaban solos? ¿El derecho a la vida es de todos los colombianos o solo de unos cuantos privilegiados por razón del dinero que poseen o el cargo que ocupan? ¿Dónde está el derecho a la igualdad? 


Hasta la periferia del poder no llega la unidad de protección, como tampoco le alcanzó al periodista Luis Carlos Cervantes, asesinado en Tarazá el 12 de agosto de 2014 y a millones de colombianos abandonados por el Estado en todas las regiones.


 


*Director Centro de Comunicación Pública


 


Referencia: Crick, Bernard. (2001): “En defensa de la política”. Barcelona: Tusquets.