Columnistas

Endeudamiento productivo
Autor: Danny García Callejas
18 de Febrero de 2015


Desde 2007, la deuda en el mundo ha crecido en 40%, de la cual el 47% ha sido generada por las economías en desarrollo, según un informe de Mckinsey y Compañía elaborado en febrero de 2015.

Profesor, Departamento de Economía


Universidad de Antioquia


danny.garcia@udea.edu.co


Desde 2007, la deuda en el mundo ha crecido en 40%, de la cual el 47% ha sido generada por las economías en desarrollo, según un informe de Mckinsey y Compañía elaborado en febrero de 2015. Y de esa variación, China obtuvo el 53% de la nueva deuda en el planeta. Los altos niveles de endeudamiento aumentan el riesgo de inestabilidad económica, reducen liquidez para los gobiernos y pueden impedir mayor crecimiento económico en el futuro.


Con la caída de los precios internacionales del petróleo y los metales, las economías de América Latina empiezan a corregir su proyección de ingresos, crecimiento económico y, por lo tanto, de rentas gubernamentales—impuestos—. Así, habrá presión por acudir a endeudamiento —externo y nacional— presionando al alza las tasas de interés y la devaluación de la moneda nacional, haciendo más difícil —más costoso— pagar lo que ya debemos.


Pero el mayor riesgo para Latinoamérica es que la clase media y baja tiende a endeudarse más, en proporción con su ingreso, que la clase alta. En medio de la desaceleración económica, los individuos intentan mantener su mismo nivel de consumo recurriendo a préstamos o a la disminución de activos. Por ejemplo, quien pierde su trabajo empieza a gastar sus ahorros o quien gana menos recurre a las compras por club —a crédito— o por tarjeta de crédito.


Mayores obligaciones financieras significan un mayor pago de intereses, reduciendo consumo y ahorro futuro. El patrimonio de la clase media crecería menos y más lento que el de la clase alta permitiendo que la brecha entre ambos aumente y, con ésta, la inequidad de la riqueza. Ahora, si las economías y los individuos invirtieran su deuda en capital humano o actividades productivas, entonces promoverían el crecimiento y la riqueza futura.


Sin embargo, la tentación del consumo hace que parte de la deuda se dedique a la adquisición de bienes suntuarios e improductivos. Por ejemplo, en vez de darle prioridad a la consecución de vivienda, en ocasiones, las personas prefieren comprar vehículos. Y con este tipo de acciones se contribuye a una mayor inequidad pues los más pudientes terminan invirtiendo más en actividades productivas como proporción de su ingreso y riqueza, en contraste con los demás.


Y la inequidad impide la movilidad social, es decir, se reducen las oportunidades económicas y sociales para las futuras generaciones. Los países escandinavos —por ejemplo: Suecia y Noruega— son los más equitativos en el planeta y los de mayor movilidad social. En contraste, América Latina continúa siendo la región más desigual de la Tierra impidiendo el ascenso social y económico y una más rápida reducción de la pobreza.


Los retos económicos del quinquenio para Latinoamérica llevarían a mayor endeudamiento de las economías. Allí hay una oportunidad para aumentar nuestra riqueza futura. Sí; los gobiernos deben procurar por invertir en infraestructura, educación, salud y en la transformación productiva para garantizar el crecimiento futuro. Si nos gastamos los préstamos en lujos y consumo estaremos promoviendo más pobreza e inequidad;fomentemos el endeudamiento productivo.