Columnistas

Partió el fiscalizador
Autor: Ramón Elejalde Arbelaez
15 de Febrero de 2015


El viernes pasado falleció en un centro asistencial de la ciudad de Rionegro el dirigente conservador Manuel Ramiro Velásquez Arroyave, por muchos años representante a la Cámara y senador de la República.

El viernes pasado falleció en un centro asistencial de la ciudad de Rionegro el dirigente conservador Manuel Ramiro Velásquez Arroyave, por muchos años representante a la Cámara y senador de la República. Manolo, como lo llamaban cariñosamente sus amigos, falleció relativamente joven, a la edad de 63 años.


Había nacido en Carolina del Príncipe en el año de 1951, la tierra de Juanes, y desde muy joven ocupó un escaño en el concejo de esa municipalidad. Luego fue elegido concejal del vecino municipio de Gómez Plata, iniciando con estas dos experiencias edilicias una vertiginosa carrera política dentro del partido Conservador u organizaciones afines como el Progresismo Democrático que fundó su mentor y guía político J. Emilio Valderrama y la Nueva Fuerza Democrática que creara Andrés Pastrana. 


En 1986 fue elegido por primera vez a la Cámara de Representantes y regresó a esa corporación durante tres períodos consecutivos. En el año 2002 decide explorar la posibilidad de llegar al Senado de la República, con buen éxito lo logra durante dos períodos consecutivos. En el Congreso casi siempre hizo parte de la Comisión Segunda, la encargada de los asuntos internacionales y de la regulación de las Fuerzas Armadas. Desde allí fue siempre un defensor del Ejército y la Policía y luchó, al lado de Benjamín Higuita, por la repatriación de los colombianos detenidos en cárceles extranjeras. Fue un defensor permanente de las ideas de la derecha colombiana, un conservador doctrinario, que mantuvo siempre una cercana relación con la jerarquía de la Iglesia Católica y un respaldo permanente en las aspiraciones de religiosas y religiosos.


Fue radical en la defensa de sus tesis, pero leal con quienes siempre fuimos sus contradictores ideológicos. No otorgaba gabelas cuando de asumir posiciones radicalmente de derecha se requería. Cuando le tocó hacer oposición siempre se autodenominaba como el Fiscalizador. Fue un duro crítico de los gobiernos de César Gaviria y de Ernesto Samper. Durante el proceso ocho mil no dio cuartel, ni otorgó beneficios, fue implacablemente crítico. Con la llegada al poder de Andrés Pastrana, otro de sus grandes amigos, el Fiscalizador abandonó su política de crítico de los gobiernos de turnos y se dedicó a servirle al Gobierno de su amigo. Luego hizo lo mismo en los dos períodos del doctor Álvaro Uribe Vélez, del cual fue un obsecuente servidor desde el Congreso. 


Fue siempre un personaje singular: era muy piadoso y sus regalos a amigos y contradictores iban desde una estampa religiosa, hasta un santo rosario. Portaba invariablemente un prendedor de la Santísima Virgen y lo hacía desde muchos años atrás. 


Los últimos años de su vida fueron de muy bajo perfil. La política ya no la practicaba y desde hacía unos meses se le veía decaído, enfermo y avejentado.


Paz en la tumba de Manuel Ramiro Velásquez y resignación a todos sus familiares y amigos.