Editorial

La paz de las laderas
14 de Febrero de 2015


Durante los tres 鷏timos a駉s, miles de habitantes de las laderas del Centro y el norte de Medell韓 han construido, con liderazgo y apoyo de la Alcald韆 y la EDU, nuevas esperanzas para sus vidas, la de su entorno y la de la ciudad que han habitado durante d閏adas.

Durante los tres últimos años, miles de habitantes de las laderas del Centro y el norte de Medellín han construido, con liderazgo y apoyo de la Alcaldía y la EDU, nuevas esperanzas para sus vidas, la de su entorno y la de la ciudad que han habitado durante décadas. Su trabajo deja obras visibles como hitos de ciudad, como el tramo del Jardín Circunvalar, el Ecoparque y el aula ambiental Eduquemos, entregados ayer por el alcalde Aníbal Gaviria, pero sobre todo construye territorio mediante el reconocimiento mutuo entre Administración y ciudadanías, y el que ellos hacen de la zona física ocupada con viviendas que crecieron sin más planeación que la urgencia de dar a las familias un techo que protegiera de la intemperie.


Durante el siglo XX, el de la urbanización acelerada de América Latina, las laderas del Valle de Aburrá fueron pobladas por migrantes que huían de las violencias y la miseria y que eran recibidos con asombro, y hasta indiferencia, por una sociedad desconcertada por la irrupción de los migrantes y su incapacidad de acogerlos para ofrecerles el derecho a la ciudad. Así, de manera casi imperceptible para unos y angustiosa para sus habitantes, crecieron barrios no planificados y amenazados por la pobreza, la violencia y la naturaleza herida en los procesos de ocupación y aprovechamiento de sus recursos. La metrópolis creció sin controles ni preguntas hasta que explotaron los desastres naturales o el social y se hizo evidente que la supervivencia común exigía volver los ojos a esas laderas y sus moradores para hacerlos parte de la ciudad, destinatarios de derechos y deberes, a la vez que se controla el crecimiento bajo criterios de sostenibilidad. Tal vez la respuesta más integral y de largo plazo a este propósito sea el proyecto Parque Central de Antioquia y sus materializaciones en esta subregión, el Cinturón Verde Metropolitano y el Jardín Circunvalar.


En los debates metropolitanos y en la discusión del Plan de Ordenamiento Territorial, base de acuerdos con fuerza de ley subregionales y de ciudad, autoridades y ciudadanos forjaron los consensos para redefinir el modelo de urbanización del Valle de Aburrá teniendo en cuenta el frágil ecosistema sobre el que creció un conglomerado de diez ciudades conurbadas y sumamente vigorosas en su poblamiento y desarrollo. El proceso de discusión y construcción de las normas reconoció a laderas, quebradas y río como los hitos naturales que hoy sustentan los Parques del Río y el Jardín Circunvalar de Medellín, proyectos de construcción de territorio que avanzan liderados por la EDU con los sueños y esfuerzos de la ciudadanía, en lo que con justicia recibe el nombre de “Urbanismo pedagógico”.


Menos visible que obras físicas que conmueven a propios y extraños, como son el Jardín Circunvalar, los pilares de estabilización de las laderas, las ecohuertas o la reforestación, pero igualmente significativo en tanto construcción de futuro y ciudad, es esta manera de involucrar a los beneficiarios directos del urbanismo con las obras: centenares de familias, en su mayoría encabezadas por mujeres, han participado con su voz y su esfuerzo en el diseño de un modelo que trasciende el esquema de construcción de obras de infraestructura, a veces irrespetuosa otras veces paternalista, para entrar al de la formación de hábitats dignos e incluyentes, mediante el reconocimiento de las necesidades, la formación de capacidades y la conversación entre partes que logran identificar su modelo común. 


Por esta obra, todos podremos disfrutar de un parque con inigualables paisajes, que se expande por las laderas y que puede ser recorrido por caminantes, ciclistas o patinadores, con la certeza de disfrutar de amplios espacios de tránsito, plácidos y seguros miradores y reconfortantes bosques protectores y zonas naturales recuperadas con ecohuertas gestionadas por los pobladores. Pero antes que todos los visitantes ocasionales, los habitantes más cercanos estarán a diario gozando de infraestructura de servicios más cercana, de la transformación de sus viviendas mediante mejoramientos o nuevas construcciones seguras y sostenibles, o de su carácter de trabajadores que encontraron en este proyecto la oportunidad de aprender un oficio que les abrió las puertas del mercado laboral y su verdadero acceso a la ciudad, a su condición de habitantes y al futuro propio y de sus familias. Una transformación avanza, ella toca vidas y sueños, construye paz y sienta las bases de la ciudad posible.